miércoles, 12 de junio de 2024

Blasón y emblema

 

Blasón por identificar de una casona de El Toboso, con el yelmo orientado a su izquierda, hacia una estrella de ocho puntas

sábado, 25 de mayo de 2024

La esclava Isabel en la familia del doctor Zarco

 

Entre los grupos sociales de la corona de Castilla en el siglo XVI, no se suele tener en cuenta a los esclavos, aunque en los últimos años se ha venido estudiando (Ser y vivir esclavo, Casa de Velázquez, 2021) su presencia en la mayoría de sus pueblos y ciudades. Y no es ajena a este fenómeno la villa de El Toboso. Por ejemplo, en las disposiciones testamentarias de Catalina de Morales de 1598, la mujer del doctor Esteban Martínez Morales Zarco Villaseñor, se establece como heredero universal a su hijo Flaminio Morales y deja una mejora para su nieto del mismo nombre y prevé la creación de una capellanía en caso de no tener más herederos, pero también se acuerda de su esclava Isabel, que la heredó de su padre. Ésta deberá servir a su marido mientras viva pero después “es su voluntad que el dicho Dr. Zarco la de libertad y dexe libre y horra y que le dexe las hazas y lecho y lo demás que entre ella y su marido tienenlo comunicado para que la dicha Isabel esclava lo goce por los días de su vida” (Archivo Parroquial de El Toboso). 

Por el testamento del doctor Zarco sabemos que a Isabel se le dejaron efectivamente dos hazas de tierra "para que estando libre tuviese algún socorro de donde poder sacar alguna cosa para se mantener", "detrás del cerro de la horca", una de "dos fanegas de cebada en sembradura" y otras "de dos fanegas y media de cebada". Y se especifica expresamente que estas hazas las gozará mientras viva, pero que no las podrá vender ni empeñar. También se especifica que el hijo, Flaminio Morales, deberá pagar cuatro ducados al año a Isabel, "para que mejor pueda pasar su vejez". Así mismo se detalla exhaustivamente que se le deje "una cama de madera, un jergón, un colchón, una cabecera poblada y dos mantas", pero que no las pueda vender ni empeñar y que cuando muera se den al hospital de la villa. Finalmente el doctor por la universidad de Bolonia, constatando su formación legal, no deja ningún cabo suelto, atendiendo a los más mínimos detalles, y dice en su testamento: "Luego que yo muriese sin que le falte cosa alguna atento al buen servicio que la dicha Isabel nos ha hecho, y espero me hará, y quiero que luego que yo muera la susodicha quede libre y horra, sin sujeción alguna, y sin cautiverio y la doy por libre del cautiverio y sujeción que estaba, y ha estado, y le doy poder para estar en juicio y para hacer cualquiera contratos como persona libre desde el punto que yo muera, y porque las dichas tierras que para que en su vida le dejo, mando a mi heredero tenga (...) de las tener bien amojonadas, para que no se le entren en ellas" (Archivo Parroquial de El Toboso). 

Es tal el grado de control que pretende ejercer el doctor Zarco sobre su hijo Flaminio en su testamento que, en relación con las dos hazas que se dejan en usufructo para la esclava Isabel, se especifica cómo ha de cultivarlas, que las barbeche de año y vez, una se siembre de melones y otra de sembradura, dejando bien claro que pasarán a formar parte del mayorazgo del nieto, una vez fallecida Isabel. 

No conocemos más pormenores de la esclava Isabel, ni siquiera su procedencia, un personaje anónimo que apenas vislumbramos a través de unos documentos rutinarios, pero que nos informan de una realidad social más compleja de lo que cabría suponer, donde la esclavitud convivía en la vida cotidiana de la sociedad castellana del siglo XVI. En estos documentos tan manoseados a lo largo del tiempo, buscando el rastro de Dulcinea, nadie vio la presencia de la esclava Isabel. 

Estas disposiciones testamentarias, donde hay un recuerdo expreso para su esclava Isabel, precedidas de encargos religiosos pormenorizados (misas de requiem, suministro de aceite para lámpara perpetua junto al altar mayor de la iglesia parroquial, limosnas...), denotan una voluntad de compensar lo que incluso en aquella época debía considerarse una anomalía, y el deseo de descargar moralmente la situación de abuso en que habían mantenido a Isabel, reducida a la condición de esclava, ante la inminencia de la muerte y la creencia en el juicio divino.

Escudo del doctor Zarco



viernes, 19 de abril de 2024

La persecución inquisitorial de la familia Alonso-Villanueva de El Toboso

 El Archivo Diocesano de Cuenca contiene un conjunto de expedientes inquisitoriales referidos a El Toboso de inestimable valor para conocer aspectos fundamentales de su historia. Gracias a la excelente investigación del historiador Alfonso Ruiz Castellanos disponemos de la transcripción de algunos de estos procesos, por ejemplo, los referidos a la familia Alonso-Villanueva, que fue perseguida con saña desde finales del siglo XV, acusada de prácticas judaizantes.

Mari Alonso (1420-1486) era hija probablemente de padres judíos convertidos al cristianismo después de las persecuciones de fines del siglo XIV, que disponían de una notable hacienda, y se casó con otro judeoconverso procedente de Valencia llamado Gabriel Tristán (1415-1476), sastre de oficio, que llegó a ser regidor y alcalde de El Toboso. Este matrimonio vivió en una casa junto a una de las puertas de la muralla, al lado de las eras de Ayuso, donde se cocían y vendían tinajas, disponiendo de varios criados que los acabarían denunciando. En esta época no había judería en El Toboso, a diferencia de Quintanar de la Orden. Tuvieron una única hija, Catalina Alonso, que se casó con el converso Fernando de Villanueva, de Quintanar de la Orden, apodado el Caballero, que participó en importantes hechos de armas. Este matrimonio murió durante la epidemia de peste de 1483 con apenas unos 40 años de edad, y sus 8 hijos vivieron con su abuela Mari Alonso hasta la muerte de esta en 1486. Desde 1491 se van a iniciar una serie de procesos inquisitoriales contra Mari y Catalina Alonso, Gabriel Tristán y Fernando de Villanueva -es la época del inquisidor Torquemada, la expulsión de los judíos y la persecución de los conversos-, acusados de realizar prácticas judaizantes (no comer tocino, quitar el sebo de la carne, no trabajar los sábados, practicar rezos a la manera judaica, seguir rituales específicos en el nacimiento y en la muerte…), siendo condenados después de muertos (fueron desenterrados sus huesos y quemados públicamente en auto de fe y confiscados sus bienes) y recayendo el oprobio en sus hijos y nietos (quedando inhabilitados para ejercer oficios públicos, y siendo testigos de los sambenitos colgados en la iglesia parroquial).

Los hijos de Catalina y Fernando se establecieron en su mayoría en los pueblos limítrofes. Algunos de ellos van a tener que enfrentarse a los procesos inquisitoriales de sus antepasados y de ellos mismos (María, Gabriel, Diego y Pedro, que acabó huyendo a Roma). Esta influyente familia tuvo numerosos enemigos por cuestiones de poder y personales que van a testificar contra ellos ante el tribunal de Cuenca. De una rama colateral de esta familia fue Fray Luis de León, que también acabaría siendo procesado por la Inquisición.

Restos de una de las puertas de la antigua muralla de El Toboso, junto a la que vivieron Mari Alonso y Gabriel Tristán, su hija y nietos, a finales del siglo XV, perseguidos por la Inquisición.

martes, 16 de abril de 2024

La gran torre de El Toboso

 Aunque la torre de la iglesia parroquial de El Toboso ha servido para rehacer una de las frases más comentadas de El Quijote y dotarla de un significado de mayor alcance - "con la Iglesia hemos topado, Sancho" de carácter anticlerical, en vez de la literal "con la iglesia hemos dado, Sancho"-, el investigador Francisco Javier Escudero nos proporciona datos muy esclarecedores sobre el sustrato histórico detrás del pasaje literario. Gracias a los datos aportados tras su trabajo de años por los archivos de La Mancha, hoy sabemos, por ejemplo,  que la construcción de la gran torre de El Toboso se prolongó durante más de 50 años, y que los habitantes de la villa de El Toboso tuvieron que aportar grandes sumas de ducados para sufragar los gastos y pagar a los canteros. Los principales canteros que intervinieron fueron  Juanes de Verdulaza y  Román de Izaguirre, de origen vasco. El concejo litigó con ellos  por los problemas constructivos detectados y por la reclamación por el retraso en el pago de sus honorarios. Javier Escudero, en su afán de buscar un soporte documental a la gran novela cervantina, llega a decir que el episodio de la segunda parte en el que Don Quijote y Sancho buscan el palacio de Dulcinea y se encuentran con la supuesta gran torre, en realidad sería una ironía, porque en el tiempo en el que se concibió esta  novela aún no estaría terminada la torre, y era notorio en la zona el retraso de las obras. En cualquier caso, hoy podemos contemplar una de las torres más contundentes y de mejor factura de toda La Mancha, testigo del esfuerzo de la villa por dotarse de un símbolo acorde con su ambición.

La torre de la iglesia parroquial de El Toboso. Fotografía de Luis Gómez Gallego


Recientemente, a partir de  la obra de este investigador Las otras vidas de Don Quijote se ha realizado un documental titulado Descubriendo El Quijote






miércoles, 3 de abril de 2024

El doctor Esteban Zarco de Morales

 El doctor Esteban Martínez Zarco de Morales Villaseñor, estudió Jurisprudencia en el Colegio de los Españoles de Bolonia y desempeñó diversos cargos, como corregidor de las villas de Requena y Utiel, así como alcalde ordinario y regidor de la villa de El Toboso, y familiar de la Inquisición. Fue el redactor de la relación informativa de esta villa que se envió a requerimiento de Felipe II, con datos importantísimos referidos al año 1576. Vivió en la que se conoció como casa de la Torrecilla, en la actualidad convertida en la Casa Museo de Dulcinea. Tuvo un hijo y un nieto llamados Flaminio. Fundó un mayorazgo que heredó su nieto. Tuvo una hermana llamada Ana, que la leyenda ha convertido en inspiradora de la figura de Dulcinea. El doctor murió en 1600. En su disposición testamentaria detalló las armas del escudo familiar que confirmase su condición hidalga, aunque hay que aclarar que eso no le había librado de pagar  tributos, y a pesar de los intentos de su hijo por conseguir la exención fiscal, no lo consiguió, por la fuerte oposición del concejo de El Toboso. Ejerció como abogado y fue un rico hacendado. Tuvo numerosos litigios con el concejo de El Toboso por la posesión de tierras comunales, así como con el clan rival de los Ortiz. 

El mayorazgo se disolvió en 1713 al morir la última poseedora, Catalina Morales, sin descendencia. No se puedo cumplir la voluntad del doctor Zarco de crear una capilla si se disolvía el mayorazgo por falta de recursos, pero si se creó una capellanía con los menguados recursos restantes, después de una agria disputa con las autoridades civiles, amenazadas de excomunión por el delegado del prior de Uclés. Con el tiempo la casa fue adquirida por el convento aledaño de la Concepción, que a su vez sería desamortizada en el siglo siguiente y pasó a particulares, quedando en estado ruinoso hasta su rehabilitación en los años sesenta del pasado siglo, destinándose a museo que recrea cómo sería la casona de un hidalgo de la época de Cervantes.

Las previsiones pormenorizadas del doctor Zarco respecto a su memoria y estirpe acabaron por disolverse en el tiempo, pero la fama de un personaje literario hizo que se decidiese restaurar su casa y volver a levantar los viejos blasones abandonados entre ruinas. 


Casa de la Torrecilla, que perteneció al doctor Esteban Zarco de Morales, en la actualidad Casa Museo de Dulcinea.

A.G.A. Estado previo a la restauración de la bodega de la llamada casa de la Torrecilla, hoy Museo de Dulcinea

Estado ruinoso de la casa de la Torrecilla en las primeras décadas del siglo XX

Propuesta de la interpretación de las armas del escudo del doctor Esteban Martínez Zarco de Morales Villaseñor, aunque no es la representación usual de los Zarco

Fotografía de los escudos del Dr. Zarco en fotografía de Wonderluch de los años 30



Firma del doctor Zarco de Morales

 
Colegio de los Españoles en Bolonia





lunes, 5 de septiembre de 2022

Exposición de fotografías de El Toboso en 1979

 


En el Centro Cervantino de El Toboso se exponen desde el pasado 23 de julio hasta el 30 de septiembre una serie de fotografías de El Toboso realizadas en el año 1979, que muestran cómo era el pueblo en ese momento.

La elocuencia del silencio



En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...