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domingo, 7 de abril de 2013

El pintor toboseño Patricio Antonio Patiño

El verano pasado viendo la exposición “La Lucha por la libertad. Los pueblos de La Mancha entre 1808 y 1812" en Quintañar de la Orden pude conocer la existencia del pintor Patricio Antonio Patiño, natural de El Toboso. Hijo de Pedro Patiño y Elena Álvarez -hermana de José Mª Álvarez, que sería alcalde constitucional de El Toboso-. En la página del Museo del Prado aparecen algunos datos biográficos: nació en 1824, estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en 1850 viajó a París, donde se matriculó en el taller de François E. Picot e ingresó en la Escula de Bellas Artes de la ciudad. Regresó a España en 1857 y participó en las Exposiciones Nacionales con obras de temática religiosa e histórica. El Museo del Prado guarda una obra suya titulada Gesalico, rey godo. En 1864 se casó con Aniceta Iniesta Pérez, natural de Quintanar de la Orden -viuda de Pascual Nuño de la Rosa-. Murió en 1892. 
Copia del retrato de Aniceta Iniesta Pérez, obra de su esposo el pintor Patricio Antonio Patiño


Copia de un retrato de Pascual Nuño de la Rosa -agente oficial de los procesos desamortizadores de la provincia, y adjudicatario de bienes desamortizados en El Toboso-, obra de Patricio Antonio Patiño

Retrato de Asunción Iniesta Iniesta, sobrina de la mujer del pintor


Detalle del retrato de Asunción Iniesta Iniesta, con la firma del autor "P. Patiño", "Toboso" y "1860"

Patricio Patiño, Gesalico, 1855. 










sábado, 12 de mayo de 2012

Juan Francisco Sánchez, el médico toboseño de Isabel II

Caricatura de la época de Isabel II

En el magnífico libro de Isabel Burdiel Isabel II. Una biografía (Taurus, 2010) se realiza un pormenorizado recorrido por la tormentosa vida de la reina Isabel II. Testigo próximo de sus avatares fue el médico de cámara Juan Francisco Sánchez, nacido en El toboso en 1789. En la Revista de la época Escenas Contemporáneas (1858, IV, pp. 145-152) encontramos un apunte de su biografía por el conde de Fabraquer. Su padre era médico en El Toboso y el joven Juan Francisco  llegó a estudiar medicina a Madrid poco antes de 1808 y para sobrevivir trabajó como amanuense de un médico pariente suyo, Santiago Martín de Nicolás. "El padre de Sánchez, médico de El Toboso, hizo los sacrificios de dinero que le permitía su estrecha situación para que su hijo pudiese asistir a las cátedras de cirugía del Colegio San Carlos de Madrid". El joven se decantó por los estudios de anatomía, dedicando muchas horas al estudio de los cuerpos muertos en el anfiteatro del hospital general. El biográfo, en su afán laudatorio no duda en decir que el estudiante se lleva los cuerpos a su casa para seguir estudiándolos. Su talento pronto fue reconocido, trabajando como ayudante del catedrático de anatomía Aso Travieso, y ocupando después la cátedra de anatomía en San Carlos. Al tener que abandonar España la Regente María Cristina -aquí la biografía de Isabel Burdiel aporta datos interesantísimos sobre  sus intrigas políticas y sus desfalcos mediante la cuenta secreta de palacio-  dejó el cuidado de la salud de la futura reina Isabel II en manos de los doctores Bonifacio Gutiérrez y Juan Francisco Sánchez, durante la Regencia de Espartero. El doctor tuvo que abandonar su cátedra y sus consultas privadas -suponemos que a cambio de un sustancioso sueldo en palacio- pero obtuvo el título de primer médico de cámara, cargo que ocupará durante 18 años. El biógrafo conde de Fabraquer nos dice "que el que veló sobre ella -Isabel II- cuando tierna niña la aquejaban las indisposiciones inseparables de la infancia, ha velado sobre ella, cuando esposa, sobrevinieron los primeros accidentes de la maternidad".
Sin duda hoy se habrían pagado millones por las memorias del famoso médico toboseño, porque sin duda era el mejor informado de palacio de la variopinta -por decir algo- vida íntima de la reina y sus alumbramientos -en el libro de Isabel Burdiel se detallan los sucesivos amantes de la reina y la verdadera paternidad incluso del heredero-.
Juan Francisco Sánchez presentó la dimisión de su cargo en 1850 al morir poco después de nacer el que debía ser el heredero al trono, ante las insistentes críticas de algunos colegas, pero no le fue aceptada por los reyes, satisfechos con su trabajo. Asistió a la reina en sus múltiples partos posteriores, aunque algunos se ocultaron.
Según consta en el Archivo General de Palacio -Ref. Cª 8656,  Exp. 2- el alumbramiento por SM. la Reina de un hijo varón fue anunciado al General Espartero, entonces Presidente del Gobierno, como una indisposición de la Reina en la noche del 19 al 20 de Junio de 1856 y obligó a los facultativos de Cámara a prescribir (realizar) una sangría, "con cuyo medio unido a la quietud SM. se encuentra aliviada". Firmado por el Excmo. Sr. Primer Médico de Cámara Don Juan Francisco Sánchez. También se puede leer en el mismo expediente "Acerca del estado de Embarazo de SM. (éste) se ha desvanecido a la vista de las pruebas materiales de la concepción".
Entre otros méritos, su discricción y silencio le valieron la gran cruz de Isabel la Católica, y a su hijo Diego se le nombró médico supernumerario de cámara. En el lecho de muerte la reina le concedió la gran cruz de Carlos III. Murió con 69 años.
La reina partió para el exilio en septiembre de 1868, después de triunfar la revolución liberal llamada La Gloriosa, tras una creciente crítica a la monarca -demasiado apegada a los moderados y a las fuerzas más conservadoras- y en medio de una grave crisis económica y social.
Benito Pérez Galdós  escribió varias obras en las que aparece el personaje Augusto Miquis, un médico de El Toboso de origen humilde haciendo carrera en Madrid, pero no sabemos si puede  hacer referencia a Juan Francisco Sánchez.


martes, 15 de noviembre de 2011

El toboseño Diego Avendaño en el Motín de Esquilache



Por diversas causas -carestía del pan, escasez generalizada de productos básicos, descontento social, lucha por el poder de distintos grupos nobiliarios...- se produjo en Madrid en marzo de 1766 -y en muchos lugares de España, entre ellos en El Toboso- una serie de protestas. En Madrid las protestas se radicalizaron cuando el ministro de Carlos III Esquilache prohibió el atuendo tradicional. El 23 de marzo de 1866, Domingo de Ramos, se inició el tumulto en la Plaza de Antón Martín y al día siguiente llegó a las puertas del Palacio Real. El rey Carlos III huyó el día siguiente al palacio de Aranjuez. Se asaltaron almacenes, cuarteles y cárceles. Y aquí aparece el toboseño Diego Avendaño, que consiguió en estas circunstancias salir de la cárcel -desconocemos qué delito había cometido- y convertirse en un cabecilla de la revuelta. Los rebeldes obligaron al obispo de Cartagena y Presidente del Consejo de Castilla Diego de Rojas a redactar una carta dirigida al rey con los motivos y circunstancias del motín. El encargado de llevar la carta a Aranjuez fue Diego Avendaño, que fue recibido por el rey. Carlos III intentó entregarle una propina pero Diego Avendaño le pidió el indulto y un trabajo. El rey le nombró guardia del Resguardo del Tabaco de Galicia. Avendaño regresó a Madrid con la contestación del rey, que se leyó en un balcón de la Casa de la Panadría de la Plaza Mayor frente a la multitud, que esperaba ansiosa las noticias que había traído el toboseño. El rey accedió a las peticiones de los amotinados -especialmente en la bajada del precio del pan- y pidió que terminase el motín. La destitución del ministro Esquilache le convirtió en el chivo expitatorio del descontento popular y de las intrigas de los distintos grupos de poder en la corte. Nada más sabemos de Diego Avendaño, protagonista accidental del Motín de Esquilache.

martes, 8 de noviembre de 2011

La capellanía de D. Francisco Morales Nieva

  • Verja de entrada a la antigua capilla de San Ildefonso, hoy llamada de la Virgen de los Remedios -popularmente conocida como Capilla de los Hierros- donde tenía su sede la capellanía fundada por D. Fco Morales Nieva y donde está enterrado. 

En una entrada anterior explicamos el  significado de las capellanías. Entre las muchas fundadas en El Toboso -en el Archivo Diocesano de Cuenca se conservan más de 60 expedientes- destaca la de D. Francisco Morales Nieva en 1628, de la que sería titular su sobrino D. Alejo Martínez Nieva y Morales -fundador del convento de Trinitarias de El Toboso-. Dicha capellanía, que tenía su sede en la llamada capilla de San Ildefonso, en 1788 se hallaba vacante por renuncia de su titular D. Fco. Mariano Martínez Cano y Nieva en 1786, por lo que D. Joaquín Pacheco, Patrono de "las Pías Memorias" fundadas por D. Francisco Morales Nieva, ordenó el nombramiento del bachiller y presbítero D.  Pedro Félix Martínez Cano y Nieva, hermano del anterior beneficiario. El nombramiento conllevaba "la carga de cuatro misas cada semana (por la intención del fundador) y una renta de 100 ducados (anuales)", -según un documento conservado en el Archivo Municipal de El Toboso-, cantidad considerable para la época. El nuevo capellán debía acudir ante la Justicia ordinaria de la villa de El Toboso para tomar posesión de la capellanía. Por lo tanto, el nuevo capellán debía dedicarse a decir las cuatro misas semanales en la capilla donde estaba enterrado su benefactor, para poder disfrutar de la renta de los cien ducados anuales. Para asegurar que se mantuviese en el tiempo la dotación económica de dicha capellanía se le asociaban una serie de bienes -tierras, censos y rentas-.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El toboseño Bautista Muñoz y el rey Fernando VII

En El Semanario Pintoresco Español de 1848 (17, 129) en un artículo de J. Jiménez-Serrano titulado "Un paseo a la patria de Don Quijote" aparecen dos anécdotas muy curiosas referidas al toboseño Bautista Muñoz y al rey Fernando VII. La primera nos cuenta  el encuentro de Bautista Muñoz –suponemos que en 1814 cuando regresó el rey Fernando VII, llamado El Deseado”, después de la Guerra de la Independencia, suprimió la Constitución de Cádiz y comenzó a reinar como monarca absoluto- con el rey Fernando VII en la Venta próxima al pueblo –hoy conocida como Venta de Don Quijote-. Transcribo literalmente: “Asímismo es célebre esa venta por haber descansado y hecho parada en ella el rey Fernando VII, al cual se presentó Bautista Muñoz, de aquella villa, labrador, de carácter sencillo, cortado al palo de la misma madera que Sancho Panza y de tan hercúleas fuerzas, que al penetrar en la estancia donde se encontraba el rey Fernando, se arrojó en sus brazos y de tal manera estrechó al monarca entre los suyos, que hubo de decirle éste: ¡Déjame ya hombre, que me estrujas! Déjame y dime que es lo que quieres. –Señor –contestó Bautista- “quiero que V. M. me dé un tambor, para los realistas (Histórico)".
Esta  anécdota hace referencia a que cuando regresó el rey a España en 1814 fue recibido con júbilo por el pueblo, que pareció aceptar gustoso que su rey acabase con la reforma constitucional y los nuevos derechos conseguidos y reinstaurase el rigor absolutista del Antiguo Régimen. Bautista Muñoz le pide al rey un tambor para encabezar los desfiles de los realistas en honor al rey. Los liberales partidarios de la Constitución de Cádiz de 1812 serán detenidos.
El artículo continua con otra anécdota: "En otra ocasión que fue Bautista a ver al rey, con quien decía que tenía vara alta, le interceptó el paso el centinela que guardaba la escalera que conducía a las habitaciones de Fernando VII. Bautista, sin pararse en barras, dio tan fuerte empellón al centinela que éste fue rodando escaleras abajo, deshaciéndose aquél del mismo modo de cuantos le obstruían el paso, hasta que, un jefe, penetró en la estancia del rey y le contó lo que pasaba, a loa que contestó S. M: -Dejarle pasar: ese es Bautista, el de El Toboso. En castigo, mandó el rey a sus palaciegos que con mucho disimulo pusieran un papel en su espalda con un letrero que decía: Soy Bautista el de El Toboso. Madrid entero celebró este rasgo y cada persona que cruzaba al paso de Bautista, ya fuese caballero, señora, chispero o criada de servicio, detenía a nuestro buen hombre, y lo saludaban a cada paso. Y el infeliz Bautista se marchó de la corte diciendo a los de su pueblo: No sabía que tanta gente me conociera en Madrid”.
Esta segunda anécdota alude -suponemos que unos años después, con el rey ya intalado en el Palacio Real como monarca absoluto- tanto a la campechanía del rey como a su mítica doblez, hipocresía y crueldad, aunque en este caso, afortunadmente, no pasa de mofarse de un pobre labriego toboseño.
Podríamos concluir que en estas dos anecdotas se ejemplifica la candidez del pueblo español y la hipocresía de su rey, que acabó con sus derechos, burlándose de su buena fe. Fernando VII ha pasado a la historia por ser un rey despiadado y cruel que no dudó en perseguir a los liberales que habían redactado la primera constitución española y que esperaron ingenuamente que el rey por el que habían luchado respetaría.

martes, 6 de abril de 2010

El Toboso y el teatro

El Toboso tiene una estrecha relación con el teatro, que no es reciente. Gracias a la fama del Quijote y al universal personaje de Dulcinea, en 1673 se compuso una obra teatral representada en los teatros de Madrid –que curiosamente aún no ha sido representada en El Toboso- cuya acción transcurre en parte en El Toboso, titulada El hidalgo de la Mancha, realizada por varios autores –Juan de Matos Fragoso, Juan Bautista Diamante y Juan Vélez de Guevara-. En uno de los pasajes se dice:

“-Alvarado: Buen lugar es El Toboso
  -Don Juan: Es el mejor de la Mancha
                    es ilustre en gala y en nobleza.
-Alvarado: Y hace muy grande ventaja
                  A Madrid en una cosa.
-Don Juan: ¿Dime cuál es?
-Alvarado: Es muy clara,
                 que allá dan agua por vino,
                 y aquí dan vino por agua”.

De 1905 disponemos de una fotografía que nos da noticia de que en El Arco había un teatro.


También podemos incluir en este artículo a la hija de la toboseña Benita Cano Rodríguez –lavandera-, Consuelo Vello –de niña ayudó a su madre a lavar ropas ajenas en la ribera del Manzanares-, que pasó de ser una pobre chica de la calle a la reina del cuplé. Nacida en Madrid en 1884, conocida artísticamente como La Fornarina, triunfó en los mejores teatros de toda Europa -París, Berlín, Budapest...- en los primeros años del siglo XX. Llevó a su apogeo la canción popular. Murió joven -Mariano Benlliurre le esculpió su sepultura en el cementerio de San Isidro- y dejó una inmensa fortuna a su padre y hermanos.


Aún pervive en la memoria colectiva algunas representaciones teatrales de aficionados del pueblo durante la posguerra.

En este breve recorrido por la relación de El Toboso con el teatro merece un lugar destacado la creación de las Jornadas Cervantinas en 1992 –impulsadas por José Angel Muñoz- y que desde entonces ha contado con las representaciones teatrales de actores del pueblo, constituidos en la Compañía de Angulo El Malo. A lo largo de los años esta compañía ha ofrecido montajes de teatro de calle basados en las obras de Cervantes, desde los entremeses –El retablo de las maravillas, La guardia cuidadosa, La cueva de Salamanca-, las comedias –Pedro de Urdemalas-, novelas ejemplares –Rinconete y Cordadillo- a distintas versiones del Quijote. En 2002 pusieron en escena un montaje denominado Teatro de cautivos a partir de Los tratos de Argel, Los baños de Argel y La gran sultana. Otros años también han representado obras de Shakespeare, Tirso de Molina, Lope de Vega o Sor Juana Inés de la Cruz.


Al mismo tiempo han ido surgiendo otros grupos como los Tobaretax y el grupo Agape Teatro, que completan la oferta teatral de las Jornadas Cervantinas.

El grupo teatral Agape de El Toboso


Este año las XIX Jornadas Cervantinas se celebran desde el 15 de abril con exposiciones y conferencias y las representaciones teatrales son los días 24 y 25 de abril, con una variada oferta  -entremeses cervantinos, pasacalles, rondas literarias, teatro infantil...

En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...