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martes, 23 de septiembre de 2025

Daniel Vierge y Carlos Vázquez en El Toboso

 En 1890 el gran ilustrador español Daniel Vierge obtuvo un magnífico contrato de 100.000 francos para ilustrar El Quijote para los editores norteamericanos Scribner´s Sons -seguimos a Jorge Fco. Jiménez en su tesis doctoral para estos apuntes. 

Como preparación decidió visitar La Mancha a pesar de su delicado estado de salud. En un principio tenía previsto viajar con el escritor americano August F. Jaccaci, pero finalmente visitaron La Mancha por separado en 1893 siguiendo los pasos de El Quijote, lo que acabaría materializándose en The trail of Don Quixote en 1897. El ilustrador plasmó su particular visión de este espacio y sus gentes, desde una perspectiva realista, alejada del romanticismo que había marcado gran parte del siglo, cuyo máximo exponente fue Gustavo Doré. Y, por otra parte, el realismo de Vierge no anticipa el naturalismo posterior. Vierge visitó La Mancha en 1893 y Doré lo había hecho en 1862. La mirada ante la naturaleza, ante el paisaje de La Mancha había cambiado. Daniel Vierge se detiene a observar la realidad, sin prejuicios. Vierge viajó con el pintor ciudarraleño Carlos Vázquez, que realizó fotografías del itinerario. 

Vierge realizó dibujos con apuntes manuscritos con la fecha y el lugar de su elaboración. 

De  la estancia en El Toboso tenemos algunos dibujos, que después fueron transformados en grabados, como estos del patio y de la cocina de la posada donde se alojó. Creemos que pudo ser la posada que había en la actual calle Ana Zarco, cuya continuación se llama precisamente calle Hospedería.



En estas imágenes del altar de la Virgen Morenita hay una variación notable en el grabado respecto al apunte inicial, donde no aparecía la escena de control de la guardia civil. 


Algunos de estos apuntos previos sirvieron de base para sus ilustraciones de El Quijote, edición que vio la luz después de su muerte, en 1906, como esta de Dulcinea


O esta vista panorámica de El Toboso que fue exhibida en la Exposición Universal de París de 1900.


Años más tarde, en 1926,  Carlos Vázquez regresó a El Toboso y realizó otras fotografías, como esta, localizada en la casona blasonada de la actual calle Ramón y Cajal.








lunes, 5 de septiembre de 2022

Exposición de fotografías de El Toboso en 1979

 


En el Centro Cervantino de El Toboso se exponen desde el pasado 23 de julio hasta el 30 de septiembre una serie de fotografías de El Toboso realizadas en el año 1979, que muestran cómo era el pueblo en ese momento.

La elocuencia del silencio



martes, 19 de abril de 2016

Silverio Yébenes y Azorín en El Toboso

El maestro Silverio Yébenes rodeado de sus alumnos de El Toboso. Principios del s. XX. Gentileza de José Enrique Gómez

En la entrada titulada Azorín en El Toboso informábamos del pasaje de la obra de Azorín  La ruta del Quijote que transcurre en El Toboso, en la que aparece de forma destacada el maestro Silverio Yébenes, a quien dedica el libro. Aquí ofrecemos una foto de dicho maestro, rodeado de sus alumnos -abuelos y bisabuelos de muchos toboseños actuales. 

sábado, 18 de mayo de 2013

Geometría variable

Antiguo palomar de adobes, sobre el tiro de la chimenea, en una casa de campo en ruinas. El Toboso.
 Fotografía: Luis Gómez Gallego

La "nariz de los caminos" e hileras de cepas hacia el Pozo de arriba y el viejo molino derruido.
Fotografía: Luis Gómez Gallego

viernes, 15 de febrero de 2013

domingo, 28 de octubre de 2012

Las fotografías de Arnau sobre El Toboso

Por pura coincidencia, al visitar esta mañana el Museo Provincial de Albacete, me ha sorprendido gratamente   encontrar la exposición Viaje de ida y vuelta sobre las fotografías  de la Hispanic Society of America referidas a Castilla-La Mancha. Entre las mismas estaban las conocidas fotografías de Joaquín Arnau sobre El Toboso de los años treinta del siglo pasado, pero lo llamativo era poder ver la calidad de los originales.

Fotografía de Joaquín Arnau. Patio de las "Memorias" donde moraron las religiosas trinitarias. El Toboso, 1932
 

lunes, 21 de junio de 2010

Esos objetos del pasado


A  veces los objetos abandonados, amontonados de cualquier forma, tienen tal poder de evocación, que es difícil añadir nada más. Como en esta especie de bodegón del pasado donde está todo: unas trillas y una criba, una espuerta de vendimiar y una tinaja, sobre un fondo de cal de una pared escarbada. Su capacidad de representación de un mundo desaparecido, de ancestrales formas de vida es definitiva. La presencia de la modernidad la ponen unas cajas de cartón, lo que parece una parte de un remolque,  las barillas de una máquina de "echar líquidos" a las viñas y sacos de abono. Un pequeño saco azul, bien  atado, seguramente contiene también un caro producto químico de las viñas. Cien años de cambios socioeconómicos contenidos en esta instantánea de cualquier huerto de El Toboso. Esos objetos arrinconados se resisten a desaparecer y permanecen por inercia, como esos viejos recuerdos de la infancia. Hasta que tristemente, se decide "hacer limpieza", y acaban perdiéndose tantas cosas. Los anticuarios están siempre al acecho. Y así va desapareciendo el patrimonio de nuestro entorno.


domingo, 2 de mayo de 2010

Veletas

Rosa de los vientos de El Toboso
Las veletas guardan la memoria del viento, pero sobre todo emiten señales y avisos muy útiles. El Toboso tiene una instalación permanente de arte móvil en sus tejados, un sistema articulado de veletas que anuncian el frío -cierzo-, la lluvia -poniente y solano-, el agostamiento de las cosechas -solano-...Desde casi cualquier lugar del pueblo se pueden ver sus veletas, solo hace falta levantar la mirada de vez en cuando.
Veleta del Convento de las Monjas Clarisas


Veleta del Cristo de La Humildad

Una de las Veletas del Convento de Trinitarias

La veleta de la espadaña del Convento de Trinitarias

La veleta de la Iglesia Parroquial

Veleta de San Sebastián

Veleta de una casa, con el motivo del gallo, el más común
Veleta de una casa
Otra veleta de gallo
Veleta del Museo de Dulcinea
Veleta del Museo de Dulcinea
Veleta del Antiguo Horno de la Torrecilla

domingo, 7 de febrero de 2010

El Toboso a través de la fotografía

Vicente Gallego y Teresa Ortiz el día de su boda
en 1913
La historia necesita pruebas para articular un relato creíble del pasado. La herramienta que justifica la labor del historiador es la seriedad en la utilización de las fuentes históricas. Sin duda una de las fuentes fundamentales para conocer el siglo pasado es la fotografía y El Toboso no es una excepción. Tomás Moreno y Herminia Morales han realizado una extraordinaria labor de búsqueda y ordenación de un material tan rico como disperso. Han ido casa por casa, conociendo la historia que hay detrás de cada fotografía y han realizado una difícil y meritoria selección que han agrupado por capítulos para facilitar su recorrido, que ha acabado culminando en el libro “Los legados de la tierra. El Toboso. Reencuentro con el ayer”.

Pero hay que remontarnos más atrás para explicar la evolución de esta villa, cuando no había fotografías que nos permitiesen constatar nuestro pasado. Tenemos que acudir a vestigios materiales como es el resto de una motilla –fortificación central rodeada de un poblado- llamada del Morrión junto al arroyo del Cuadrejón, ocupada desde la Edad del Bronce hasta la época ibera, para constatar evidencias de poblamiento humano en nuestro término municipal. También hay piezas líticas y de cerámica en el próximo yacimiento de El Nuño. De la época romana poco sabemos con certeza. Después de la presencia musulmana en la zona central de la península ibérica y cuando el avance de la expansión de los reinos cristianos desde el norte se afianza a partir del siglo XIII, se comienza a repoblar esta zona. Así se va a fundar El Toboso por el maestre de la Orden de Santiago D. Pelay Pérez Correa a mediados de este siglo, para asegurar el camino a Murcia. El Toboso conserva dos puertas de piedra con estructura en codo en las entradas al recinto amurallado. Pero la época de expansión demográfica es el siglo XVI, pasando de 200 vecinos en 1507 a 1200 en 1603 (unos 5.000 habitantes). En la encuesta mandada hacer por Felipe II en 1576 se ofrecen abundantes datos para conocer la sociedad y la economía de la época. Muestra de su importancia en esta época es su imponente iglesia Parroquial. Es la época de El Quijote. Pero el siglo XVII traerá al igual que en el resto del reino decadencia y despoblamiento –a finales del siglo El Toboso ha perdido la mitad de su población. No obstante, se construye el escurialense monasterio trinitario. El siglo XVIII supone una lenta recuperación –como se pone de manifiesto en el catastro del Marqués de la Ensenada de 1752-. El paso del Antiguo Régimen al sistema liberal traerá numerosos cambios en el siglo XIX. Las desamortizaciones de los cuantiosos bienes eclesiásticos del municipio ponen en manos de burgueses de fuera miles de fanegas de tierra. El pueblo sigue siendo eminentemente agrícola y aún se conservan algunos hornos de las famosas tinajas toboseñas.

En 1905, coincidiendo con el III centenario de la primera parte de El Quijote, Azorín dejará una imagen descarnada de la decadencia que vive el pueblo, con vestigios semiderruidos del pasado. Y aquí ya contamos con series de fotografías con instantáneas del pueblo.

Desde finales del siglo XIX ya tenemos fotografías como pruebas, como pistas del pasado, que nos ayudan a comprender cómo era la sociedad de la época. Las fotografías más antiguas suelen representar a familias más o menos acomodadas posando para un fotógrafo por encargo. Si tenemos imágenes de pastores o campesinos o escenas populares se las debemos a fotógrafos foráneos en busca del tipismo manchego. De la época de la Dictadura de Primo de Rivera nos llama la atención por su rotundidad las fotografías del somatén, cuerpo auxiliar del orden vigente de civiles armados. Y hay fotografías de la magnífica escuela pública construida en este período. Durante la II República disponemos de las fotografías del gran fotógrafo catalán afincado en Quintanar de la Orden Joaquín Arnau. No mencionamos aquí otra fuente como es el cine –por ejemplo hay extraordinarias imágenes de El Toboso en el documental de Ramón Biadiu La ruta de D. Quijote de 1934. Los historiadores suelen considerar la importancia tanto de las fuentes históricas conservadas como de las desaparecidas u omitidas. Y así tenemos que pasar por alto la difícil época de la guerra civil de 1936, para llegar a las fotografías de la posguerra. El uso de la fotografía se va generalizando, y va siendo habitual tener una cámara fotográfica, por lo que disponemos de mayor variedad de temas y modelos. Son habituales las escenas de las tareas agrícolas, procesiones, celebraciones familiares, escenas escolares, servicio militar, fiestas … El Toboso sigue siendo un pueblo agrícola que a lo largo de los años sesenta del siglo pasado experimenta una notable caída demográfica fruto de la emigración a las ciudades industriales –disponemos de alguna fotografía de estos emigrantes toboseños.

Y nos detenemos a principios de los años 70, porque ahí empieza otra etapa más reciente, de la que hay de millones de fotografías –sobre todo digitales- que la historia acabará por seleccionar.

Esta muestra fotográfica supone un documento de primer orden para el estudio de la historia de El Toboso, así como un encuentro emotivo con nuestros recuerdos familiares.
Luis Gómez Gallego





El privilegio de mercado de El Toboso

  Renovación del privilegio de mercado. Archivo Municipal de El Toboso El maestre de la orden de Santiago Vasco Rodríguez concedió a la vill...