viernes, 12 de marzo de 2010

El Toboso y el cine

Tras el peso de la literatura, El Toboso también tiene historia cinematográfica, independientemente de toda la producción realizada en torno al Quijote -para hacerse una idea basta con ver Quijote cabalgando por cine de Javier Rioyo, de 2005.
La primera referncia de la aparición de El Toboso en el cine de la que tenemos noticia es el período de la II República, con el documental La ruta de D. Quijote, realizado por Ramón Biadiu en 1934, siguiendo la ruta marcada por Azorín. En El Toboso se detiene escasos minutos -con imágenes de las eras del pueblo con la torre al fondo, de la Iglesia parroquial, del arco-. El documental sólo dura 18 mm. y recorre Campo de Criptana, lagunas de Ruidera, Sierra Morena... 


Fotograma de La ruta de D. Quijote, Ramón Biadiu, 1934

Como ya no existían tinajeros ni alfareros en El Toboso las secuencias de las tinajas que aparecen en el momento que supuestamente transcurre en El Toboso, evocando el famoso pasaje de las "tobosescas tinajas" fueron rodadas en realidad en las cantarerías de Mota del Cuervo.

En pleno período franquista se rodaron en El Toboso algunas escenas de Don Quijote de la Mancha de Rafael Gil (1947), con Rafael Rivelles y Juan Calvo en los papeles protagonistas.


Fotograma de Don Quijote de la Mancha de Rafael Gil (1947)

A pesar de la férrea censura, algunos cineastas consiguieron hacer un cine diferente, como es el caso de J. A. Bardem. Este director rodó  algunas escenas de La venganza (1958) en El Toboso. Se trata de un denso drama rural donde se plantea el tema latente del dilema entre el ajuste de cuentas o el perdón y la reconciliación tras la cruenta guerra civil -la película estuvo nominada al oscar a la mejor película extranjera.



Fotograma de La venganza, de J. A. Bardem (1958)

En los años posteriores se rodaron algunos documentales, pero la siguiente película de ficción, ya en la etapa democrática, fue Monseñor Quijote, de R. Bennett (1985), basada en la novela homónima de G. Greenne, que contó con la actuación de Alec Guinness. Se cuenta la historia de un Quijote y un Sancho tranformados en cura y alcalde comunista del siglo XX.


En la película de 2004 El chocolate del loro (Ernesto Martín) se hace una alusión a El Toboso. Uno de los personajes de esta comedia costumbrista ha perdido a sus padres -según se cuenta al final de la película- en un terrible accidennte de carretera en una circunvalación de El Toboso. En realidad quizá haga alusión al terrible accidente de carretera que hubo en la circunvalación de Quintanar de la Orden en 1981 en el que murieron 26 personas cuando regresaban de la fiesta del PCE.
El año 2005 Javier Rioyo dirigió un documental titulado Don Quijote cabalgando por el cine, e incluye unas imágenes de una película que no he identificado, donde aparece la escultura de D. Quijote y Dulcinea animados.

 
Fotograma del doc. de Javier Rioyo Don Quijote cabalgando por el cine

Tambíen en 2005, dos jóvenes ralizadores ( Kike Narcea, Quique Corrales) realizaron el corto documental Buscando Barataria, un recorrido en vespa por La Mancha, de tono desenfadado, intentando romper con los tópicos centenarios al uso, buscando voces nuevas.


Fotograma de Buscando Barataria, con la entrevista a dos jóvenes toboseños, Segio y Marcos

El 2007, la producción de animación Donkey-Xote (J. Pozo, 2007) recoge imágenes digitalizadas de El Toboso.
En 2009 se rodó en El Toboso el corto El caballero irreal de Miguel Bañez, en el que participaron varios reconocidos actores del pueblo.

sábado, 6 de marzo de 2010

El Toboso y las tinajas


La fama de El Toboso  no se debió a grandes gestas, sino principalmente a sus tinajas, y, como es de todos sabido a su Dulcinea. En realidad, la fama de las tinajas y el personaje literario van a ir unidos.

Los documentos más antiguos que hacen referencia a la producción de tinajas son del siglo XV, en una referencia de un proceso inquisitorial y en una reclamación judicial. Después, en 1536, en una escritura de partición de bienes se dice: “… yten dos tinajas toboseñas e otras dos toledanas” . Las primeras noticias fidedignas de las tinajas producidas en El Toboso pertenecen a la Relaciones de Felipe II de 1575: “Lo que en dicho pueblo se ha labrado mejor que en otro lugar de España son tinajas para tener vino y aceite y lo que más quisieran echar en ellas, y de hacer hay en dicho pueblo mucha pericia y sciencia, este trato va ya cesando por la falta de leña para las cocer”.


Ilustración del pasaje de las tinajas en El Quijote
de la edición de Ibarra de 1782

En un inventario de 1604 queda constancia de que se hacían tinajas de 16, 25, 30, 70 y 80 arrobas. También se hacían piezas menores conocidas como “tinillos” que se utilizaban como orzas de matanza.

Pero será Cervantes quien recoja en El Quijote la fama de estas tinajas para ilustrar el poder de evocación que ejercen sobre el protagonista de su novela: “Halló Don Quijote muchas tinajas a la redonda, que por ser del Toboso se renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea”. Por lo tanto las tinajas y Dulcinea de El Toboso quedan indisolublemente unidas para siempre.

En el siglo XVIII, después de ver reducida su población a la mitad a lo largo del siglo XVII, a través del Catastro de Ensenada de 1752, sabemos que en el pueblo hay cinco tinajeros y varios hornos de cocer tinajas.

De 1865 disponemos de dos dibujos de Carlos de Haes sobre los hornos de las tinajas. El paraje donde se situaban los hornos era conocido como “El Obrador”, a la salida del pueblo en dirección Miguel Esteban.


A finales del siglo XIX hay noticias de dos tinajeros: Vicente Gómez Barrajón y Valeriano León Martínez. Debieron hacerse tinajas más grandes para la creciente producción de vino.

En 1911 cuando Pío Baroja publicó El Arbol de la ciencia, aparece una referencia a la fama perdurable de estas tinajas: “Se explicaba que la fantasía de la gente hubiese transformado en duendes aquellas ánforas vinarias, de las cuales, las ventrudas y abultadas tinajas toboseñas, parecían enanos; y las altas y airosas fabricadas en Colmenar tenían aire de gigantes”. Efectivamente, las tinajas de El Toboso se caracterizaron desde el siglo XVI por ser de tamaño medio y forma abultada.

Fotograma de La ruta del Quijote de Ramón Biadiú (1934)

Todo parece indicar que el pueblo perdió su larga tradición tinajera desde comienzos del siglo XX. Cuando en 1934 Ramón Biadiu rodó parte del documental La ruta del Quijote en El Toboso, para evocar el famoso pasaje de "las tobosescas tinajas" tuvo que rodar en las cantarerías de Mota del Cuervo las secuencias que supuestamente transcurren en El Toboso.  Cuando hace posar a una muchacha delante de una tinaja no acierta en el modelo de tinaja –que no es la típica toboseña que sí supo representar Ibarra en su ilustración de 1782.
Entre las numerosas ilustraciones de los capítulos 8 y 9 de la II parte de El Quijote quizá una de las más acertadas es la de Montaner de 1880-1883 -ilustrador Ricardo Balaca-, porque al presentar el pueblo que descubren Don Quijote y Sancho, aparece como detalle de verosimitud, en un lugar destacado, una tinaja, símbolo universal del pueblo. Llama la atención, sin embargo, que no se haya pensado nunca en hacer un museo sobre las ilustres tinajas de El Toboso -desperdigadas, abandonadas, olvidadas-, a pesar de ser inmortalizadas a través de El Quijote y una de las pocas "industrias" que ha tenido el pueblo a lo largo de su historia.
Ilustración de la edición del Quijote de 1880 de Montaner

Gómez Gallego, Luis, Las tinajas en la historia de El Toboso, Albacete, 2012

http://www.scribd.com/doc/27916253/El-Toboso-y-Las-Tinajas

sábado, 27 de febrero de 2010

Galdós y El Toboso

Galdós creó personajes literarios originarios de El Toboso. El más importante es Augusto Miquis, un médico, que aparece en La desheredada, en Tristana y Fortunata y Jacinta, entre otras. Pero también recoge testimonios reales. En 1915 publicó un artículo periodístico titulado Ciudades viejas: El Toboso, donde se hace referencia a una visita que realizó al pueblo en 1909, con motivo de la campaña electoral para ser elegido diputado y aparece su amigo "El caballero del verde gabán" -Antonio Nuño de la Rosa- y un agricultor republicano, Jesús del Campo -Jesús Martínez-, que dice:

"Cuando menos se pensara -me dijo- España se acostará monárquica y se levantará republicana. Para creerlo así me fundo en la fuerza de mi querer, la cual es tan grande que movería las montañas del Toboso, si aquí las hubiera. Yo, señor mío, llevo la República en mi alma, y a solas hablo con ella y le digo: «Señora de mi alma y de mis pensamientos, cuando vengas no te pediré nada para mí. Pobre soy y pobre seré toda la vida. Componte como puedas para nombrar tus ministros y toda la alcahuetería política que ha de servirte. Para mí nada, nada».

Gracias a la intercesión de Galdós, Jesús Martínez acabó trabajando de guarda en una finca del terrateniente toboseño Antonio Nuño de la Rosa, ante la dificultad de colocarlo en el Ayuntamiento -según sus propias palabras, en la carta que le dirigió al escritor el 8 de junio de 1909-. Unas semanas más tarde le escribe otra carta al enviarle media docena de quesos de elaboración propia, y le recomienda que los ponga en aceite.
En otra carta posterior, Antonio Nuño de la Rosa le escribe lo siguiente:

El Toboso
29 octubre (1)909.
Señor don Benito Pérez Galdós.
Mi querido amigo:
Tengo mucho gusto en felicitar á V. por el triunfo de las ideas democráticas de las cuales es V. infatigable propagandista.
Me permito recomendar a V. al soldado Miguel Marín y Garrión excedente de cupo del 908 de Reg.to de Asturias de guarnición en Madrid a fin de q.e va (sic) colocado de ordenanza en el Ministerio de la Guerra. Es hijo único de un amigo de Quintanar de buena posicion y su padre está inconsolable como no les admitieron el dinero p.ª la Redension (sic).
Se pasó el otoño sin cumplirme V. la palabra de venir por esta su casa.
Sabe V. la (palabra ilegible) su afmo. at.º am.º S. S.
q. b. s. m.
Ant.º Nuño de la Rosa

Y ante la petición de datos sobre la historia de El Toboso por parte escritor -en una posible carta que no sé si se conserva-, para preparar el artículo de Ciudades Viejas,  responde:

El Toboso
2 agosto (1)915.
Señor don Benito Pérez Galdós.
Mi querido é ilustre amigo:
Habiendo resultado estériles mis gestiones respecto al encargo q.e V. se dignó hacerme por falta de tiempo y de competencia en los secretarios de este ayuntam.to p.ª examinar su archivo, considero sería conveniente viniera con esta misión una persona idónea del cuerpo de archiveros q' se dedicara á tan ardua tarea. De todos modos juzgo juzgo (sic) poco menos q.e imposible hallar datos referentes al fundador ó fundadores de este pueblo.

Respecto al fundador del convento de trinitarias ya es mas fácil pues consta en documentos q.e lo fué D.n Alejo Morales de Nuva natural de esta villa el año 1662 y se terminó en 1680 oponiéndose el consejo de las Ordenes del Rey por el escaso vecindario de este pueblo q.e no excedía de 600 vecinos. También pueden facilitarse fotografías del edificio referido y de la plaza.

Sabe V. me tiene á su disposición deseando complacerle en todo cuanto pueda y me reitero suyo afmo. y verdadero am.º S. S.

q. l. b. l. m.

Ant.º Nuño de la Rosa

domingo, 7 de febrero de 2010

El Toboso de Dulcinea

El Toboso a través de la fotografía

Vicente Gallego y Teresa Ortiz el día de su boda
en 1913
La historia necesita pruebas para articular un relato creíble del pasado. La herramienta que justifica la labor del historiador es la seriedad en la utilización de las fuentes históricas. Sin duda una de las fuentes fundamentales para conocer el siglo pasado es la fotografía y El Toboso no es una excepción. Tomás Moreno y Herminia Morales han realizado una extraordinaria labor de búsqueda y ordenación de un material tan rico como disperso. Han ido casa por casa, conociendo la historia que hay detrás de cada fotografía y han realizado una difícil y meritoria selección que han agrupado por capítulos para facilitar su recorrido, que ha acabado culminando en el libro “Los legados de la tierra. El Toboso. Reencuentro con el ayer”.

Pero hay que remontarnos más atrás para explicar la evolución de esta villa, cuando no había fotografías que nos permitiesen constatar nuestro pasado. Tenemos que acudir a vestigios materiales como es el resto de una motilla –fortificación central rodeada de un poblado- llamada del Morrión junto al arroyo del Cuadrejón, ocupada desde la Edad del Bronce hasta la época ibera, para constatar evidencias de poblamiento humano en nuestro término municipal. También hay piezas líticas y de cerámica en el próximo yacimiento de El Nuño. De la época romana poco sabemos con certeza. Después de la presencia musulmana en la zona central de la península ibérica y cuando el avance de la expansión de los reinos cristianos desde el norte se afianza a partir del siglo XIII, se comienza a repoblar esta zona. Así se va a fundar El Toboso por el maestre de la Orden de Santiago D. Pelay Pérez Correa a mediados de este siglo, para asegurar el camino a Murcia. El Toboso conserva dos puertas de piedra con estructura en codo en las entradas al recinto amurallado. Pero la época de expansión demográfica es el siglo XVI, pasando de 200 vecinos en 1507 a 1200 en 1603 (unos 5.000 habitantes). En la encuesta mandada hacer por Felipe II en 1576 se ofrecen abundantes datos para conocer la sociedad y la economía de la época. Muestra de su importancia en esta época es su imponente iglesia Parroquial. Es la época de El Quijote. Pero el siglo XVII traerá al igual que en el resto del reino decadencia y despoblamiento –a finales del siglo El Toboso ha perdido la mitad de su población. No obstante, se construye el escurialense monasterio trinitario. El siglo XVIII supone una lenta recuperación –como se pone de manifiesto en el catastro del Marqués de la Ensenada de 1752-. El paso del Antiguo Régimen al sistema liberal traerá numerosos cambios en el siglo XIX. Las desamortizaciones de los cuantiosos bienes eclesiásticos del municipio ponen en manos de burgueses de fuera miles de fanegas de tierra. El pueblo sigue siendo eminentemente agrícola y aún se conservan algunos hornos de las famosas tinajas toboseñas.

En 1905, coincidiendo con el III centenario de la primera parte de El Quijote, Azorín dejará una imagen descarnada de la decadencia que vive el pueblo, con vestigios semiderruidos del pasado. Y aquí ya contamos con series de fotografías con instantáneas del pueblo.

Desde finales del siglo XIX ya tenemos fotografías como pruebas, como pistas del pasado, que nos ayudan a comprender cómo era la sociedad de la época. Las fotografías más antiguas suelen representar a familias más o menos acomodadas posando para un fotógrafo por encargo. Si tenemos imágenes de pastores o campesinos o escenas populares se las debemos a fotógrafos foráneos en busca del tipismo manchego. De la época de la Dictadura de Primo de Rivera nos llama la atención por su rotundidad las fotografías del somatén, cuerpo auxiliar del orden vigente de civiles armados. Y hay fotografías de la magnífica escuela pública construida en este período. Durante la II República disponemos de las fotografías del gran fotógrafo catalán afincado en Quintanar de la Orden Joaquín Arnau. No mencionamos aquí otra fuente como es el cine –por ejemplo hay extraordinarias imágenes de El Toboso en el documental de Ramón Biadiu La ruta de D. Quijote de 1934. Los historiadores suelen considerar la importancia tanto de las fuentes históricas conservadas como de las desaparecidas u omitidas. Y así tenemos que pasar por alto la difícil época de la guerra civil de 1936, para llegar a las fotografías de la posguerra. El uso de la fotografía se va generalizando, y va siendo habitual tener una cámara fotográfica, por lo que disponemos de mayor variedad de temas y modelos. Son habituales las escenas de las tareas agrícolas, procesiones, celebraciones familiares, escenas escolares, servicio militar, fiestas … El Toboso sigue siendo un pueblo agrícola que a lo largo de los años sesenta del siglo pasado experimenta una notable caída demográfica fruto de la emigración a las ciudades industriales –disponemos de alguna fotografía de estos emigrantes toboseños.

Y nos detenemos a principios de los años 70, porque ahí empieza otra etapa más reciente, de la que hay de millones de fotografías –sobre todo digitales- que la historia acabará por seleccionar.

Esta muestra fotográfica supone un documento de primer orden para el estudio de la historia de El Toboso, así como un encuentro emotivo con nuestros recuerdos familiares.
Luis Gómez Gallego





En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...