Imagen de un brocal de pozo hecho con barro cocido que lleva la marca "Tobosso", pieza excepcional porque hasta ahora no se tenía constancia de que junto a la producción tinajera también se realizasen brocales. Esta pieza, por el vocablo escrito con dos eses denota una gran antigüedad. Lleva incisa diversa decoración. Por ejemplo, en la parte central inferior aparece un pájaro. Por supuesto, este brocal ha acabado saliendo de El Toboso hace escasos meses, ante la indiferencia habitual por la conservación y puesta en valor de este patrimonio único. Quizá aún no sea demasiado tarde para declarar como Bienes de Interés Cultural las tinajas y brocales de barro de El Toboso.
Conocer El Toboso a través de la historia, la literatura, el arte, el cine ... Editado por Luis Gómez Gallego, El Toboso (Toledo)
martes, 31 de agosto de 2010
martes, 17 de agosto de 2010
El morisco toboseño Francisco Ximénez y la Inquisición
El morisco Francisco Ximénez, nacido en El Toboso en 1571, de padres moriscos traídos desde Vélez Rubio (Almería), tuvo una vida bastante azarosa según aparece en su proceso inquisitorial: a los 13 años tuvo que enrolarse en el ejército, huyendo de la miseria y anduvo por varios lugares -Zaragoza, Huesca...-, regresó a El Toboso y se casó y acabó siendo víctima de la Inquisición. Estando segando en una finca de un toboseño -junto a otros moriscos-, en un paraje de Socuéllamos en 1603, justo después de volver del pueblo por las fiestas de Santiago y Santa Ana, hablando con una cristiana vieja -Madalena Muñoz- se le ocurrió decirle cómo era que no iba a El Toboso por las fiestas y ella le respondió que tan solo lo sentía por no poder ir a misa. Según consta en el proceso inquisitorial, Francisco Ximénez le respondó "que reçando al sol cada mañana era tanto como oyr missa reçando y que se estuviera él un año sin oyr missa reçando al sol cada mañana a lo cual esta tº dixo mire que esso no se puede decir..." (Archivo Diocesano Cuenca, Inq. leg. 357 nº 5091). Esta frase le valió una denuncia que inició un proceso inquisitorial. El secuestro de sus bines puso en evidencia que era un pobre jornalero que vivía en una casa de alquiler, que tenía unas pequeñas tierras arrendadas donde sembraba azafrán y que tenía un borrico pequeño. Testificaron 5 mujeres y un hombre -alguacil municipal- en su contra. Durante el proceso los inquisidores trataron de averiguar si hacía prácticas musulmanas y si entre los moriscos de El Toboso se hacían. Tan sólo dijo que su madre le enseñó algunas palabras en árabe pero que como el resto de los moriscos iban a misa y cumplían con lo ordenado por la Iglesia. Como Francisco Ximénez no reconocía los hechos por los que se le acusaba fue sometido a tortura -el potro- pero resistió sin decir nada fue condenado a abjurar de sus pecados en la catedral de Cuenca y a tres años a galeras -como remero, sin sueldo-. Por testimonios posteriores se sabe que consiguió sobrevivir y volvió a El Toboso poco antes de ser expulsado en 1609 juntos a los demás moriscos del pueblo -269- y de España, fuera de las fronteras peninsulares.
lunes, 19 de julio de 2010
Fábrica de tinajas en El Toboso
En este mapa de los caminos del término municipal de El Toboso de finales del siglo XIX encontramos representados una Fábrica de Tinajas, un Horno y un camino de la Fábrica de Tinajas que conectaba la misma con el Camino de Puebla de Almoradiel. Es la prueba evidente de la importancia de esta industria artesanal, poco antes de su extinción.
viernes, 9 de julio de 2010
El Toboso en un mapa de 1757
Si se mira con atención -ampliando la imagen- sorprenderá encontrar entre los escasos municipios que aparecen, El Toboso, que en 1757, cuando Tomás López publicó este mapa de España no debía tener mucho más de 2500 habitantes y que no era sede de ninguna demarcación territorial.
miércoles, 7 de julio de 2010
Los franceses en El Toboso
Hay varias descripciones de la presencia de las tropas francesas en El Toboso durante la Guerra de la Independencia. La de Albert-Jean-Michel Rocca es una de los más pintorescas. Después de la batalla de Uclés -1809-, las tropas francesas pasan por El Toboso y este es su relato: "El Toboso se parece perfectamente a la descripción que ha hecho de él Miguel de Cervantes en su inmortal obra de Don Quijote de la Mancha. Si este héroe imaginario no fue durante su vida de un gran socorro para las viudas y los huérfanos, al menos su memoria protegió contra los desastres de la guerra la fantástica patria de su Dulcinea. Cuando los soldados franceses veían en las ventanas a alguna mujer decían riendo, aquella es Dulcinea. Su alegría dió confianza a sus habitantes, quienes en lugar de huir como acostumbraban ante la primera vista de nuestras vanguardias, se reunieron para vernos pasar. Las chanzas recíprocas sobre Dulcinea y Don Quijote fueron un vínculo común entre nuestros soldados y los habitantes de El Toboso, y los franceses bien acogidos trataron a los habitantes con delicadeza". Evidentemente las requisas de víveres eran imprescindibles para cualquier ejército de ocupación, sólo que aquí se ha preferido ocultarlo, llevado el autor por cierto pintoresquismo literario. Aunque también pone de manifiesto cómo la fama literaria puede proteger a un pueblo de su invasores.
miércoles, 23 de junio de 2010
Azorín en El Toboso
Con motivo del III Centenario de la I parte de El Quijote se le encargó a Azorín que escribiese sobre la ruta de El Quijote. El origen de la obra es conocido porque lo reveló el propio autor en su libro Madrid (1941). José Ortega Munilla, director de El Imparcial y padre de Ortega y Gasset, le citó en su casa para proponerle un viaje; Azorín, acababa de dejar el diario España, en el que había estrenado su célebre pseudónimo en enero de 1904 y en cuyas páginas destacó como cronista parlamentario. La propuesta de Ortega marcó su primera misión en la cabecera que él mismo consideraba "la cumbre" del periodismo. "Va usted primero, naturalmente, a Argamasilla de Alba", le indicó. "De Argamasilla creo yo que se debe usted alargar a las lagunas de Ruidera. Y como la cueva de Montesinos está cerca, baja usted a la cueva. ¿No se atreverá usted? No estará muy profunda. ¿Y dónde cree usted que ha de ir después? ¿Y cómo va usted a hacer el viaje? No olvide los molinos de viento. Ni el Toboso". La sorpresa de Azorín, con todo, se consumó cuando a renglón seguido el director abrió un cajón, sacó "un chiquito revolver" y lo puso en sus manos con tono previsor: "No sabemos lo que puede pasar. Va usted a viajar sólo por campos y montañas. En todo viaje hay una legua de mal camino. Y ahí tiene usted ese chisme por lo que pueda tronar". Así que no debían ser territorios demasiado seguros en aquella época.
Las crónicas de su viaje aparecieron en El Imparcial en 1905. Los capítulos XIII y XIV de la edición del libro La ruta del Quijote están dedicados a El Toboso, y Azorín ofrece una imágen triste y decadente del pueblo -con edificios en ruinas-, acorde con su visión pesimista -noventayochista- de la historia de España. El libro está dedicado al maestro de El Toboso Silverio Yébenes -–"autor de un soneto a Dulcinea, autor también de una sátira terrible contra los frailes; propietario de una colmena con una ventanita por la que se ve trabajar a las abejas" (como en El espíritu de la Colmena de V. Erice)–, con quien mantiene una interesante conversación, acompañado de los llamados miguelistas. En la edición de 1916 aparecieron una serie de fotografías de toboseños típicos de la época bajo la evocación cervantina. Por cierto, más de un viajero se ha eco de que no exista una edición de esta obra de Azorín en la Biblioteca Cervantina de El Toboso.
Fotografía de El Toboso, La ruta del Quijote, edición 1916.
El pie de foto dice: "El Toboso-Agricultor que encontró Don Quijote al entrar en el pueblo".
lunes, 21 de junio de 2010
Esos objetos del pasado
A veces los objetos abandonados, amontonados de cualquier forma, tienen tal poder de evocación, que es difícil añadir nada más. Como en esta especie de bodegón del pasado donde está todo: unas trillas y una criba, una espuerta de vendimiar y una tinaja, sobre un fondo de cal de una pared escarbada. Su capacidad de representación de un mundo desaparecido, de ancestrales formas de vida es definitiva. La presencia de la modernidad la ponen unas cajas de cartón, lo que parece una parte de un remolque, las barillas de una máquina de "echar líquidos" a las viñas y sacos de abono. Un pequeño saco azul, bien atado, seguramente contiene también un caro producto químico de las viñas. Cien años de cambios socioeconómicos contenidos en esta instantánea de cualquier huerto de El Toboso. Esos objetos arrinconados se resisten a desaparecer y permanecen por inercia, como esos viejos recuerdos de la infancia. Hasta que tristemente, se decide "hacer limpieza", y acaban perdiéndose tantas cosas. Los anticuarios están siempre al acecho. Y así va desapareciendo el patrimonio de nuestro entorno.
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En El Toboso, nº1
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