sábado, 11 de diciembre de 2010

El alcalde Zarco de Morales tala y cultiva la dehesa de la Poça del concejo de El Toboso


En 1597 hubo una querella contra el doctor Zarco de Morales, alcalde de El Toboso, porque el año anterior había "rompido y tenía ursurpado y entrada gran parte de la dehessa de la Poça que es lugar de pasto y propia de la dicha villa (...)". Fue condenado a restituir lo usurpado y al pago de una multa pero "luego que fue electo por alcalde este presente año reincidió en el dicho delito volvió arar y tiene labrada la dicha parte de dehessa y lo que peor es que con el favor que como tal alcalde tiene a cortado y talado gran número de pies de encina que en la dicha parte de la dehessa había en la cual el dicho doctor por ser tal alcalde a cometido atroccísimos dignos de punición y castigo" . El testigo Juan Gómez, guarda de los montes municipales relata los hechos: el domingo antes del  día de Reyes, se encontró al doctor y alcalde Zarco, al alguacil  y a un criado sobre las ocho horas de la noche en el monte de la Poça. Al verlo el doctor Zarco le ofreció de beber con gran regocijo y después se fue a la villa con su gente. Juan Gómez se quedó en la dehesa en la majada de los pastores de Juan Martínez de Alexo "y estando a la lumbre con los pastores que guardaban el dicho ganado y a la hora de media noche poco más o menos oyeron golpes (...) a manera de que cortaban leña dentro della en la leña que el concejo desta villa tenya vendida y acudieron a los dicho golpes(...)"(A. H. N., OO. MM., A. T. nº 53.974)
Era el destino de los montes y dehesas del Concejo, usurpados en muchos casos por los cargos concejiles, supuestamente encargados de su vigilancia y mantenimiento, haciendo buena la famosa frase de de Proudhon sobre el orgen de la propiedad.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Proyecto de plantación de pinos "y bellotas" en la sierra de El Toboso en 1811


En plena Guerra de la Independencia, en 1811, el corregidor de Tarazona de La Mancha, Mariano Rufino González, que era vecino de El Toboso, solicitó permiso a las autoridades españolas retenidas en ese momento en Cádiz -mientras se redactaba la famosa Constitución que vería la luz un año después- para replantar terrenos de realengo -pertenecientes al Estado- en una zona donominada La Sierra entre El Toboso, Miguel Esteban y Campo de Criptana -cuyos términos no estaban delimitados-, con "pinos de todas clases, bellotas y otras semillas". Argumentaba en su escrito que esos terrenos estaban completamente deforestados y que no eran productivos para los cultivos por lo que cree que haría un servicio a la nación si se le concediese la licencia para la plantación de árboles. En el escrito se dice que es terreno "pedregoso y seco, de modo que habiendo los naturales de aquellos pueblos empezado el cultivo de algunas posiciones de el con algunas semillas, lo han tenido que abandonar porque perdían aquellas, su sudor y sus fatigas". Dicho escrito nos proporciona algunos detalles interesantes:  en dichos terrenos -de una legua muy escasa-  existen algunos propietarios -a pasar de ser de realengo- "con documentos que garantizan su dominio" y "lo más común es que aquél que ha querido en cualquier tiempo ha labrado lo que le ha parecido, y después lo ha abandonado, como que de inmemorial se tiene este terreno por realengo y valdío". Se pretende el plantío en el terreno propiamente de realengo e inculto y dice que en "aquel País apenas se reconoce un árbol, por cuya falta tantos males ha sufrido siempre y sobre lo que no ha dejado de representarse lo suficiente" (A.H.N. Consejos,12003,EXP.3).
Se inició un expediente  pero no disponemos de documentos que nos permitan saber si finalmente se le concedió la licencia y si llegó a realizar la plantación, aunque es evidente que la deforestación continuó. De todas formas, parece un tanto sospechoso, que en la circunstancia tan incierta de una guerra alguien piense en una empresa tan a largo plazo como una plantación forestal. No sabemos si en realidad lo que pretendía era apropiarse de terrenos de realengo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La venta del monte de Gúzquez de El Toboso

Expediente de venta del monte de Gúzquez de El Toboso en 1859

     El Ayuntamiento de El Toboso disponía desde su fundación en el siglo XIII del Monte de Gúzquez que le proporcionaba rentas para compensar sus gastos. La crisis hacendística de  municipios como el de El Toboso se agravó en las primeras décadas del siglo XIX. El Estado liberal, después de haber llevado a cabo la desamortización de los bienes del clero regular -que en El Toboso afectó a las tierras y a los bienes urbanos de los tres conventos existentes- inició también la desamortización  y venta de los bienes municipales. El Toboso, que ya había iniciado la venta de su monte en 1824, continuó este proceso con la venta en lotes de unas 486 hectáreas de su monte de propios -municipal-, destinado a pastos y que se solía arrendar por 4.000 reales. Así en el expediente de 1859 consta la venta de uno de estos lotes a Julio Villajos, vecino de Quintanar de la Orden.
Adjudicación del lote de  Corrales de los Conejos del monte de Gúzquez a Julio Villajos

      El lote de  Corrales de los Conejos se había tasado en 111.120 reales y se subastó a la mejor oferta, que fue de 270.100 reales, presentada por Julio Villajos. . De forma paralela el lote de El Reventón se adjudicó a Francisco Añover.
     Josep Fontana en su excelente libro La época del liberalismo (volumen 6 de la  Historia de España, Crítica, Barcelona, 2007) nos informa de que la desamortización civil promovida por Madoz en 1855 establecía la siguiente forma de compensación a los ayuntamientos por la venta de sus bienes de propios: les devolvía el 80% del valor que alcanzase en las subastas -el 20% restante se lo quedaba el Estado-, que se entregaría en títulos de deuda "al 3 por 100, lo que signicaba que los municipios, privados de unos bienes que les servían para financiarse, recibirían anualmente el 2,4 por 100 del valor que éstos habían alcanzado en las subastas" (pág. 277).
    Por otra parte, como consecuencia de la Ley de Desamortización de 1855 de Madoz se sacaron a la venta bienes de propios del Ayuntamiento de El Toboso 1615 fanegas adjudicadas a Miguel Torija por un valor de 170.000 reales (Vicente Moreno Ballesteros, La desamortización de Madoz en España, p.17)
    Estas ventas del monte de El Toboso no se realizaron en pequeños lotes que podrían haber sido comprados por más modestos propietarios y labradores del pueblo, sino que acabaron en manos de grandes propietarios foráneos.

martes, 9 de noviembre de 2010

Molinos de viento en El Toboso desde el siglo XVI

Dibujo de Carlos de Haes de un molino de El Toboso, 1865

No es habitual asociar la imagen de El Toboso con los molinos de viento, como sucede con pueblos como Mota de Cuervo o Campo de Criptana, sin embargo, hasta al menos los años treinta del siglo pasado existieron molinos de viento en pie en esta villa. La primera noticia que conozco de los molinos de viento -aparte de la conocida e imprecisa de la respuesta 22 de las Relaciones Topográficas-  de El Toboso aparece de forma indirecta en un expediente inquisitorial contra Agustín Hernández, de 1599. El testigo Pedro de Morales contra el barbero Agustín Hernández describe el enclave donde tuvieron lugar los hechos denunciados ante el tribunal eclesiástico: estaba "en un molino del dicho Pedro de Morales -alcalde- su padre que está en camino de Santa Ana cerca de esta villa en un sitio que llaman El Acoxida  donde hay otros molinos de viento en contorno".  Dicho testigo vio cómo Agustín Hernández "desenvainaba la espada y se iba a una cruz  que estaba cerca del molino y empezó a darle de cuchilladas por la parte del pie  de la dicha cruz diciendo mira como corta mi espada..." (Archivo Diocesano de Cuenca, Inquisición, legajo 349 nº 4978). La avidez por probar su espada le costó al espadachín toboseño padecer un molesto proceso inquisitorial -que al parecer se saldó con una pena leve-, pero nos dejó el testimonio de la ubicación de los primeros molinos de viento en El Toboso.
En el Catastro de Ensenada aparecen referencias precisas de los molinos -había 10 molinos de una muela- y los molineros de El Toboso -por ejemplo Miguel Sacristán-, así como un dibujo esquemático donde aparecen molinos.

Dibujo de El Toboso del Catastro de Ensenada
Se pagaba al Rey el tributo del mancal, es decir, dos fanegas por cada molino.
A finales del siglo XIX la utilización de los molinos se fue reduciendo progresivamente hasta que la falta de rentabilidad propició su abandono hasta desaparecer totalmente.

Foto de un molino de El Toboso de una revista de 1930, aunque la foto es anterior



lunes, 1 de noviembre de 2010

Estreno de una versión china del Quijote en 3D

Dulcinea y Don Quijote
Una nueva versión cinematográfica del Quijote -dirigida por Agan- se estrenará este mes en China, con la particularidad de que está rodada en 3D -la primera película china en este formato- y de que se hace uso frecuente de las artes marciales. Los guionistas han adaptado a placer el texto original. Las llanuras manchegas han sido sustituidas por las montañas de Sichuan y Dulcinea -Cui Hua- aparece de esta guisa a lomos del Rocinante chino abrazada por su señor -Tangii Dede-.

sábado, 23 de octubre de 2010

Investigación de las cuentas municipales de El Toboso en 1608


Fotografía de 1916, con el Ayuntamiento de El Toboso a la izquierda

El Concejo municipal de El Toboso, como tantos durante el Antiguo Régimen, sufrió múltiples sucesos en los que la hacienda municipal se vio resentida. Ante reiteradas sospechas de abusos se inició un proceso judicial. En 1608 llegó a El Toboso Barona Yncinillas, gobernador del partido de Uclés y Justicia de Felipe III, acompañado de un fiscal del Consejo de Órdenes, Domingo de Rada, y un notario. Se instalaron en la casa de Francisco Novillo, sobrino del hidalgo Zarco de Morales. Venían a controlar las cuentas del Concejo, que ya habían sido investigadas diez años antes. Pero los libros habían desaparecido de sus cofres. El gobernador ordenó detener a los dos alcaldes y a los regidores de la villa. Al día siguiente un cura le enseña cuatro libros, los que no se encontraban. Se había publicado una bula de excomunión en la Iglesia y le entregaron los libros bajo secreto de confesión. El fiscal detecta que en dos de los libros faltan hojas. El notario toma buena nota del estado de los libros. Días después el gobernador cita a los hombres que fueron alcaldes y regidores en 1605. Quedan prisioneros en el Ayuntamiento Juan Martínez de la Morena y Flaminio de Morales –hijo del doctor Esteban Zarco de Morales-, que eran alcaldes en ese año, así como los regidores Andrés Martínez Carpintero el viejo, Diego López Serrano y Alonso López Zarco. Los detenidos demandan que se les tome declaración y que se les permita salir del Ayuntamiento bajo fianza, porque dicen ser “honestos y honorables” y además pueden pagar. El gobernador ordena que se les tome declaración. Acusa criminalmente a Pedro Martínez de Velasco y Alexo Ortiz, alcaldes en funciones, así como a Pedro González, secretario del Ayuntamiento de haber sido negligentes y de no haber respetado sus obligaciones de guardar en los archivos y en lugar seguro los libros de cuentas municipales, sin que no falte ninguna página. Por ejemplo, faltan ocho páginas del libro de propios de 1605 –donde se registran los bienes municipales-, en el libro de 1606 las cuentas están mal registradas –“en las quales foxas avía mucha suma de mrs. mal libradas y condenadas y otras condenaciones y advertencias en raçon de la dicha usurpación que porque no sierviese ni entendiese lo an quitado” (A.H.N., OO. MM., A.T., nº 17.713).

Pero la acusación más grave es contra los alcaldes y regidores de 1605 que, según ciertos testimonios, habrían traficado con el trigo del pósito. Flaminio de Morales, Alonso López Zarco y Diego López Serrano, miembros del consejo municipal son primos hermanos. En 1605 el pósito carecía de reserva de granos y el Ayuntamiento ordenó a Alonso López Zarco que fuese a comprar trigo a Aragón. Recibió un salario por su cometido. Compró 300 fanegas de trigo a 14 reales conforme al precio oficial. Pero revende lo comprado a 20 y 22 reales. Regresa a la villa después de tres meses diciendo que había comprado el trigo a 24 reales la fanega. La operación le costó al Ayuntamiento 17.000 reales, al mismo tiempo que les reportó al Alcalde y a los dos regidores mencionados un beneficio entre 2.000 y 3.000 reales. El registrador del pósito Andrés Martínez el mozo confirma que le dio en persona a Alonso López Zarco 586.000 mrs. Durante el proceso el acusado recibió el testimonio favorable de algunos parientes y además se alegó que los acusadores eran sus enemigos, por ser de otro clan. La sentencia será la absolución aunque tiene que pagar los gastos del juicio. Flaminio de Morales y Diego López también son absueltos.

Durante las investigaciones el gobernador y juez Yncinillas descubre otras ventas fraudulentas de trigo al pósito municipal. Doce personas –alcaldes y regidores y familiares, de los más ricos de la villa- son arrestadas -se libró de esta circunstancia el familiar de la Inquisición Alonso de Nieva-. Finalmente todos serán declarados inocentes. La justicia del Antiguo Régimen raramente fallaba contra los privilegiados.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Lucha de clanes rivales en El Toboso del siglo XVI: los Zarco contra los Ortiz

Fachada de la antigua casa del doctor Zarco de Morales, en una fotografía de los años veinte del siglo XX

En 1562 el Ayuntamiento de la villa de El Toboso acusó al doctor Zarco de Morales –jefe de uno de los clanes más poderosos del pueblo, "cristiano viejo" con expediente de limpieza de sangre, que se encuentra en el Archivo Diocesano de Cuenca-, a sus parientes y amigos de haber derribado el rollo jurisdiccional –columna de piedra, símbolo de la jurisdicción municipal, que permanecería en la plaza situada junto a la Iglesia Parroquial hasta mediados del siglo XIX-. Existía una gran rivalidad entre el clan presidido por Zarco de Morales y el de los Ortiz -de ascendencia conversa-. Pascual López Ortiz era el alcalde ordinario este año y su hermano Pedro Ortiz era el síndico procurador del Ayuntamiento y solicitaron al Rey Felipe II a través del Consejo de Ordenes Militares –por pertenecer el pueblo a la Orden de Santiago- que enviase un juez pesquiaidor para averiguar y castigar los hechos. Es nombrado el licenciado Torres de Molina pero el doctor Zarco lo recusa alegando que es demasiado favorable al Ayuntamiento. Ante los obstáculos a la justicia del doctor Zarco, el Ayuntamiento acabó por claudicar y aceptar “una concordia y concierto”. Pero el doctor Zarco y su cuadrilla no perdonaron jamás a Pascual López Ortiz y a su hermano Pedro Ortiz. Intentaron vengarse agrediendo a miembros de la familia Ortiz hasta que finalmente asesinaron a un sobrino, el joven Alonso Ortiz –hijo de Alonso Ortiz y Catalina Díaz-, el día de San Sebastián -20 de enero- de 1563. Ese día, fueron avisados de estas intenciones manifiestas los Ortiz y advirtieron al nuevo alcalde Juan Díaz de Molina, pero no se hizo nada. Cuando Alonso Ortiz “yva por una calle hazia la hermita de Nª Sª de los Remedios de la dicha vª los suso dichos salieron al encuentro al dicho Alº Ortiz que yva salvo y seguro sin hazer ni decir cosa alguna por donde le puediese venir el mal y daño que le vino y estando fuera de la dicha vª hazia la dicha hermita se fueron para ella el dicho bachiller Molina y Eugenio de Sazedón y los demás consortes y hecharon manos a sus espadas y teniéndolas desenvainadas dieron muchas cuchilladas y estocadas al dicho Alº Ortiz así en la cabeça como en la cara como en otras partes del querpo y le rrompieron su cabeça y le salieron los sesos della y ansí mismo en las demás partes y le rompieron su cuerpo y le salió mucha sangre y de las dichas heridas murió quando entrava en el quinto día y está enterrado” (A.H.N., OO. MM., A.T., nº 58.371). También fueron heridos otros tres jóvenes que intentaron oponerse. Los asesinos se refugiaron en la capilla de N. S. de los Remedios y los Alcaldes no hicieron nada por capturarlos.

Foto de 1901 del escudo del doctor Esteban Zarco de Morales

Después de asegurarse de si se podía responder de los gastos del juicio, se inició el mismo y fueron interrogados tres miembros del clan del doctor Zarco, su hermano Juan y sus primos Alexo Martínez Zarco y Pedro Morales Botija, que fueron acusados de acoger la preparación de la conjura contra los Ortiz. La sentencia para ellos fue escandalosamente leve: un año de expulsión de la villa. Pero los autores materiales del crimen fueron ahorcados. Sin embargo, el jefe del clan no fue molestado en absoluto.  Unos años después, en 1575, dicho doctor Zarzo sería uno de los firmantes de las respuestas de El Toboso a las preguntas del rey Felipe II en las llamadas Relaciones topográficas. Tres miembros del clan Ortiz -Juan, Julián y Pascual- tuvieron que responder en los años siguientes a los interrogatorios de la Inquisición, víctimas de las venganzas enconadas de los Zarco, a cuyo clan pertenecían varios familiares de la Inquisición.
Estos sucesos nos muestran las luchas por el poder en el Concejo de El Toboso en la segunda mitad del siglo XVI.
Desde al menos la edición del Quijote de Diego Clemencín en 1836 se acudió a la figura del doctor Zarco de Morales para encontrar en la figura de su hermana Ana Zarco una personificación imposible de Dulcinea.

En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...