martes, 26 de junio de 2012

Altercado carlista en El Toboso en 1869

Carlos de Haes, El Toboso, 1865

En septiembre de 1868 se produjo la revolución liberal denominada La Gloriosa, que acabó con el reinado de Isabel II e inició un intenso período de reformas y cambios políticos liberales -con la constitución de 1869, el breve reinado de Amadeo I de Saboya y la brevísima I República-. Al mismo tiempo, reaparecieron antiguos conflictos como el representado por los carlistas, partidarios de la vuelta al absolutismo -habían perdido la primera guerra carlista y estaban iniciando la segunda-. El diario liberal Iberia con fecha de 31 de julio de 1869 se hace eco de un incidente ocurrido en El Toboso con unos carlistas. La noticia es la siguiente: “Del Toboso escriben dando cuenta del escándalo que han provocado cuatro o seis carlistas de aquella localidad.
Dice así la carta:
“Es el caso que, yendo a paseo nuestro amigo don Francisco Villegas en compañía de tres voluntarios más, serían como las diez de la noche, al pasar por la puerta de un carlista, oyeron estos voces y denuestos contra el Gobierno y los milicianos, y al querer enterarse, parándose un momento en la calle, salió el carcunda, y asiendo de un brazo a nuestro amigo, lo entró en su casa cerrando después la puerta en donde estaba su querida, un hermano y un hijo. Maltratado aquel y en horrible lucha, los amigos dieron voces y pedían auxilios hasta que oídos por la ronda o patrulla, el jefe mandó echar la puerta abajo y que subieran por la pared, no sin ser heridos tres o cuatro de los que lo intentaron, hasta que un voluntario pudo rehacerse, disparando un tiro, quedando muerto en el acto el partidario carlista, célebre presidiario en Toledo. El Juzgado está instruyendo el sumario. Nuestro amigo está herido en la cabeza un una mano, y gracias a su muchísimo valor y serenidad no fue víctima de aquella manada de lobos.
Las heridas, aunque son de consideración, por ahora no parecen de gravedad.
Los carlistas del Toboso son una especie de fieras salvajes, y será preciso civilizarlos”.

sábado, 12 de mayo de 2012

Juan Francisco Sánchez, el médico toboseño de Isabel II

Caricatura de la época de Isabel II

En el magnífico libro de Isabel Burdiel Isabel II. Una biografía (Taurus, 2010) se realiza un pormenorizado recorrido por la tormentosa vida de la reina Isabel II. Testigo próximo de sus avatares fue el médico de cámara Juan Francisco Sánchez, nacido en El toboso en 1789. En la Revista de la época Escenas Contemporáneas (1858, IV, pp. 145-152) encontramos un apunte de su biografía por el conde de Fabraquer. Su padre era médico en El Toboso y el joven Juan Francisco  llegó a estudiar medicina a Madrid poco antes de 1808 y para sobrevivir trabajó como amanuense de un médico pariente suyo, Santiago Martín de Nicolás. "El padre de Sánchez, médico de El Toboso, hizo los sacrificios de dinero que le permitía su estrecha situación para que su hijo pudiese asistir a las cátedras de cirugía del Colegio San Carlos de Madrid". El joven se decantó por los estudios de anatomía, dedicando muchas horas al estudio de los cuerpos muertos en el anfiteatro del hospital general. El biográfo, en su afán laudatorio no duda en decir que el estudiante se lleva los cuerpos a su casa para seguir estudiándolos. Su talento pronto fue reconocido, trabajando como ayudante del catedrático de anatomía Aso Travieso, y ocupando después la cátedra de anatomía en San Carlos. Al tener que abandonar España la Regente María Cristina -aquí la biografía de Isabel Burdiel aporta datos interesantísimos sobre  sus intrigas políticas y sus desfalcos mediante la cuenta secreta de palacio-  dejó el cuidado de la salud de la futura reina Isabel II en manos de los doctores Bonifacio Gutiérrez y Juan Francisco Sánchez, durante la Regencia de Espartero. El doctor tuvo que abandonar su cátedra y sus consultas privadas -suponemos que a cambio de un sustancioso sueldo en palacio- pero obtuvo el título de primer médico de cámara, cargo que ocupará durante 18 años. El biógrafo conde de Fabraquer nos dice "que el que veló sobre ella -Isabel II- cuando tierna niña la aquejaban las indisposiciones inseparables de la infancia, ha velado sobre ella, cuando esposa, sobrevinieron los primeros accidentes de la maternidad".
Sin duda hoy se habrían pagado millones por las memorias del famoso médico toboseño, porque sin duda era el mejor informado de palacio de la variopinta -por decir algo- vida íntima de la reina y sus alumbramientos -en el libro de Isabel Burdiel se detallan los sucesivos amantes de la reina y la verdadera paternidad incluso del heredero-.
Juan Francisco Sánchez presentó la dimisión de su cargo en 1850 al morir poco después de nacer el que debía ser el heredero al trono, ante las insistentes críticas de algunos colegas, pero no le fue aceptada por los reyes, satisfechos con su trabajo. Asistió a la reina en sus múltiples partos posteriores, aunque algunos se ocultaron.
Según consta en el Archivo General de Palacio -Ref. Cª 8656,  Exp. 2- el alumbramiento por SM. la Reina de un hijo varón fue anunciado al General Espartero, entonces Presidente del Gobierno, como una indisposición de la Reina en la noche del 19 al 20 de Junio de 1856 y obligó a los facultativos de Cámara a prescribir (realizar) una sangría, "con cuyo medio unido a la quietud SM. se encuentra aliviada". Firmado por el Excmo. Sr. Primer Médico de Cámara Don Juan Francisco Sánchez. También se puede leer en el mismo expediente "Acerca del estado de Embarazo de SM. (éste) se ha desvanecido a la vista de las pruebas materiales de la concepción".
Entre otros méritos, su discricción y silencio le valieron la gran cruz de Isabel la Católica, y a su hijo Diego se le nombró médico supernumerario de cámara. En el lecho de muerte la reina le concedió la gran cruz de Carlos III. Murió con 69 años.
La reina partió para el exilio en septiembre de 1868, después de triunfar la revolución liberal llamada La Gloriosa, tras una creciente crítica a la monarca -demasiado apegada a los moderados y a las fuerzas más conservadoras- y en medio de una grave crisis económica y social.
Benito Pérez Galdós  escribió varias obras en las que aparece el personaje Augusto Miquis, un médico de El Toboso de origen humilde haciendo carrera en Madrid, pero no sabemos si puede  hacer referencia a Juan Francisco Sánchez.


sábado, 5 de mayo de 2012

La elaboración del arrope



A estas alturas no necesitamos decir que la cocina es una de las formas más genuinas de cultura. Una de las recetas más tradicionales de El Toboso es la del arrope, cuya elaboración encierra ciertos secretos, como si dijéramos de alquimia casera, que sin duda responden a una lógica aquilatada durante generaciones.  Mi madre, Rosario Gallego Ortiz aún sigue elaborándolo por septiembre, aprovechando el mosto de las viñas del  pueblo,  de la siguiente manera. Necesitamos una arroba de mosto -que se ha dejado reposar unas 12 horas con dos puñados de "tierra blanca" de la cueva del "Cerro Gordo" del camino de Miguel Esteban-, un perol de cobre -así saldrá más dorado-, un huevo, la corteza de una naranja y unos granos de anís. Ponemos a hervir la arroba de mosto en la caldera de cobre, con la corteza de la naranja y el anís envueltos en un lienzo -para luego sacarlos mejor- y echamos un huevo, lo que producirá abundante espuma, que quitaremos repetidamente con una espumadera -limpiando así el mosto-. De forma paralela hemos ido preparando el letuario a partir de trozos de melón y calabaza que habremos introducido en agua de cal durante una hora. Después se lavan varias veces y se introducen en el arrope junto a trozos de membrillo -que aún no estarán maduros y que no necesitan pasar por el agua de cal- y las pipas lavadas de la calabaza, para que se cuezan. Al ir a apartar el perol del fuego se le echan una ramas de albahaca. Después de unas dos horas la arroba inicial de mosto habrá quedado reducida a unos cinco o seis litros de denso y dorado arrope, un postre verdaderamente delicioso. Podremos guardar el arrope durante todo el año -incluso más- y comerlo sin más acompañamiento o como el ingrediente principal para  elaborar el mostillo -pero esa es otra receta.

En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...