domingo, 13 de octubre de 2013

Del año de la maquila al 2013: los problemas de la sobreproducción cíclica de uvas en El Toboso


Por transmisión oral nos ha llegado la referencia al llamado "año de la maquila", en plena posguerra, en 1953, cuando la producción de uva fue muy grande y hubo verdaderas dificultades para poder depositarla en las bodegas. La uva cortada permanecía durante días en seras de esparto en la viña o en carros, chorreando mosto, esperando poder descargar en una bodega. Cundió la picaresca y la desesperación. Incluso algunos llegaron a echar el mosto en pozos. Pocos agricultores eran socios de la Cooperativa vinícola "La Humildad" de El Toboso -creada  en 1917- y no encontraban dónde llevar la uva, acudiendo a las bodegas de los pueblos de alrededor. Obviamente, el exceso de producción ocasionó la distorsión del mercado, imponiéndose precios muy bajos o multiplicando el porcentaje de uva que se quedaba la bodega por querer elaborar el vino - de ahí lo de "maquila", referido tradicionalmente al porcentaje que se quedaba el molinero-. Desde entonces muchos agricultores acabaron de convencerse de la necesidad de hacerse socios de la cooperativa. En la actualidad tiene 897 socios.
Pero de nuevo, ante la gran producción de esta campaña -a pesar de la reestructuración del sector con las primas al arranque del viñedo, la generalización de las espalderas y el riego, así como las buenas condiciones hídricas y climáticas de este año- están surgiendo problemas para poder depositar tanta cantidad de uva en la cooperativa. A día de ayer la cooperativa había recibido 22.252.500 Kilos, habiéndose rebasado la capacidad de almacenamiento. Aún quedan muchos kilos por recoger y la uva podría deteriorarse. Al miedo de estos días se une el temor transmitido de padres a hijos sobre "el año de la maquila". Aunque se están buscando soluciones rápidas para poder solventar este problema de sobreproducción. De todas formas el precio del vino, según todos los analistas, será muy inferior al del años pasado.


miércoles, 9 de octubre de 2013

El tren de El Toboso

Desde el trazado inicial de la línea de ferrocarril de Madrid a Albacete, a mediados del siglo XIX,  El Toboso intentó no quedarse fuera de esta nueva y fundamental vía de comunicación, imprescindible para el desarrollo económico y social. Pero había intereses más fuertes de poblaciones más importantes. No obstante, no se perdió la esperanza y en 1924, durante la Dictadura de Primo de Rivera, se va a volver a intentar, con los resultados de todos conocidos. Este artículo de prensa recoge las gestiones realizadas por el Ayuntamiento de El Toboso, junto a otros pueblos de la zona, en 1924.
El Imparcial, Madrid, 30/10/1924, pag. 5.

martes, 24 de septiembre de 2013

Brocales de El Toboso

En El Toboso casi todas las casas tienen un aljibe para recoger el agua de lluvia, generalmente con un brocal de piedra. En algunos casos, con el paso del tiempo y las particiones de las casas se acaba compartiendo el pozo entre dos vecinos.


Hay modelos de brocales datados desde el siglo XVII que se repiten en muchas casas, como este:








martes, 17 de septiembre de 2013

Milu Correch en El Toboso


La artista bonaerense Milu Correch acaba de pintar una obra sobre Dulcinea en el depósito del agua junto a la ermita de San Sebastián de El Toboso. Sin duda una iniciativa muy interesante, que lleva la belleza a un espacio funcional pero poco estético. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Judíos conversos portugueses en El Toboso

Marranos. Ceremonia secreta en España en la época de la Inquisición del artista ruso-judío Moshe Maiimon, 1893.

Popularmente se llamaba marranos a los judíos convertidos al cristianismo de los que se sospechaba que seguían practicando en secreto su antigua religión. La Inquisión y los considerados cristianos viejos los tuvieron en su punto de mira permanentemente, dificultando su verdadera integración. A comienzos del siglo XVII algunos conversos procedentes de Portugal -cuyo reino formaba parte de la monarquía hispánica desde 1580- se instalaron en diversos pueblos de Castilla. Así tenemos a varias familas de esta procedencia en El Toboso, como por ejemplo los Enríquez y los Rodríguez, dedicados al comercio de paños, lana y otros productos. Isabel Enríquez, viuda con varios hijos, fue a vivir a El Toboso en 1610, amparada por su cuñado Enrique Rodríguez. Varios de sus hermanos vivirán en pueblos próximos como Belmonte o Villaescusa de Haro. Cinco años más tarde su hija Beatriz Núñez se casa con Gaspar de Govea. Las mujeres suelen atender la tienda de telas y los hombres van a venderlas y a comprarlas a las ferias de otros pueblos. En 1622 y 1623 casi toda la familia es detenida por la Inquisición de Cuenca, según consta en varios expedientes del Archivo Diocesano de Cuenca (legs. 406-409). El causante es Juan Rodríguez -también de origen portugués y converso-, casado con la toboseña Catalina Muñoz la Pandura, que los denunció ante el Comisario del Santo Oficio de la Inquisición en El Toboso Diego Pérez Morales. por judaizar -seguir practicando en secreto los ritos de la religión judía.  
Beatriz Núñez, presa del pánico cuando estaba a punto de ser llevada a la sala de torturas del Tribunal de la Inquisición de Cuenca, denunció a parientes y amigos.  Su propia madre, anciana y enferma  será detenida. También un hermano y su marido, que sufrirán la tortura del potro, donde acabarán denunciando también a parientes y amigos. Dos hermanas de 13 y 14 años de Beatriz Núñez también serán sometidas a tortura. Toda la familia será condenada a prisión perpetua y confiscación de sus bienes, aunque dos años más tarde se conmuta la cadena perpetua.
Felipa Rodríguez, temiendo ser detenida también se refugia en casa de Violanta, una esclava negra emancipada. Pero como esta casa no es segura se refugia en el molino de Andrés Hernández Medianero. Pedro Martínez Velasco, alcalde ordinario de El Toboso y agente de la Inquisición, la descubre y la entrega. Los dos hijos de Felipa Rodríguez y Antonio da Acosta serán también llevados al tribunal de Cuenca. 
En 1624, estando Flaminio de Morales -hijo del doctor Esteban Martínez Zarco- con su hijo y un criado en el monte de los Hinojosos, al llegar Simón Ero (?) de Cuenca con cierta documentación, le fue interceptada y se inició una discusión. Entonces Flaminio acusa a Simón de "vellaquo judío porque dixistes que mi hijo avia tomado las cucharas de plata de los portugueses y jurando me dijo que me havia de acordar del" (A.D.C.Exptes de limpieza, leg. 695). Por este detalle tenemos noticia de dónde iban a parar algunos de los bienes de los detenidos.
Este núcleo de conversos portugueses vieron truncada su vida en El Toboso por los rigores de la Inquisición. Muchos de estos conversos de origen portugués acabarán saliendo de España y viviendo por ejemplo en Holanda u otros países europeos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

La autoría del busto de Cervantes en El Toboso

Conversando recientemente con uno de los  últimos representantes de la artesanía del barro en El Toboso, Baltasar Ajenjo de la Rica -que pertenece a la última familia que elaboró tejas en El Toboso-, sobre los barreros, el tratamiento del barro, el amasado, el secado al sol, los cuidados del horno, la venta de las tejas..., dejó caer una anécdota que es la que recojo en este apunte. Un maestro de la escuela de El Toboso, próxima a donde su familia tenía el horno, llamado Don Emilio -no he averiguado aún el apellido-, que le daba clase, le preguntó si su familia podría facilitarle el barro que utilizaban para las tejas y si podrían cocerle una pequeña escultura que pensaba hacer. Así es como se realizó a principios de los años cincuenta del siglo pasado el busto de Cervantes que preside las antiguas y magníficas escuelas de El Toboso, inauguradas en 1929. La escultura se coció junto a una abundante hornada de tejas. Esta tejería dejó de funcionar a principios de los años sesenta y fue la última vez que salió humo de un horno de cocer barro en El Toboso, una actividad que perduraba al menos desde el siglo XV. En la actualidad tampoco el edificio de estas antiguas escuelas se dedica a la docencia -se construyó un nuevo edificio en 2006 a las afueras del pueblo-. Por cierto, qué buen espacio podría ser para organizar cursos de español para extranjeros, a través, por ejemplo, del Instituto Cervantes o de cualquier otra institución.

Según he descubierto más tarde, en un lateral de la escultura aparece el nombre del autor y la fecha: J. Cimas Acosta, 1951. Este maestro, que era sevillano -según me ha informado José Enrique Gómez-, también pintó el fresco sobre el encuentro de Don Quijote y Dulcinea que hay dentro de este edificio de las antiguas escuelas.



martes, 13 de agosto de 2013

Las cuevas-bodega de El Toboso

El Toboso ha mantenido excepcionalmente algunas de las numerosas cuevas-bodega construidas  desde el siglo XVI aproximadamente y que recorrían gran parte de su subsuelo. Su función era conservar el vino a partir de febrero para poder consumirlo hasta la próxima cosecha. Estas cuevas se construían debajo de las casas y estaban formadas por arcos de medio punto o arcos apuntados hechos con ladrillo y recubiertos de argamasa. En algunos casos se excavaban en la roca y en otros extrayendo la arcilla. Las cuevas necesitaban respiraderos por razones obvias. Hay tratadistas que dicen que primero se hacía la cueva y se aseguraban sus techumbres antes de realizar la casa encima. El vino se elaboraba en el jaraíz o lagar y se trasegaba varias veces hasta que se depositaba en las tinajas toboseñas almacenadas en las cuevas para su conservación durante los largos meses de calor, manteniéndose en una temperatura entre 16 y 25 grados. 


En algunos casos excepcionales las cuevas han conservado a través de cientos de años las tinajas toboseñas en el mismo marco para el que fueron creadas. Las tinajas en muchos casos aparecían empotradas en las llamadas cotanas. En otros casos las tinajas han desaparecido pero ha perdurado el espacio que las contenía.



Esta es otra muestra del rico legado patrimonial asociado a las tinajas y al vino en El Toboso. Con la creación de grandes bodegas a principios del siglo XX en espacios más amplios en el exterior y la posterior creación de la cooperativa, estas pequeñas cuevas-bodega dejaron de usarse para almacenar vino pero siguieron desempeñando la otra función que siempre habían tenido, ser una especie de fresquera donde se guardaban las patatas, el aceite y otros productos que se conservaban mejor en este espacio. Desgraciadamente muchas de estas cuevas han acabado tapándose -en el mejor de los casos- o destruidas por una excavadora y en muchos casos rompiendo las preciadas tinajas que contenían.




En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...