Las cuevas-bodega de El Toboso

El Toboso ha mantenido excepcionalmente algunas de las numerosas cuevas-bodega construidas  desde el siglo XVI aproximadamente y que recorrían gran parte de su subsuelo. Su función era conservar el vino a partir de febrero para poder consumirlo hasta la próxima cosecha. Estas cuevas se construían debajo de las casas y estaban formadas por arcos de medio punto o arcos apuntados hechos con ladrillo y recubiertos de argamasa. En algunos casos se excavaban en la roca y en otros extrayendo la arcilla. Las cuevas necesitaban respiraderos por razones obvias. Hay tratadistas que dicen que primero se hacía la cueva y se aseguraban sus techumbres antes de realizar la casa encima. El vino se elaboraba en el jaraíz o lagar y se trasegaba varias veces hasta que se depositaba en las tinajas toboseñas almacenadas en las cuevas para su conservación durante los largos meses de calor, manteniéndose en una temperatura entre 16 y 25 grados. 


En algunos casos excepcionales las cuevas han conservado a través de cientos de años las tinajas toboseñas en el mismo marco para el que fueron creadas. Las tinajas en muchos casos aparecían empotradas en las llamadas cotanas. En otros casos las tinajas han desaparecido pero ha perdurado el espacio que las contenía.



Esta es otra muestra del rico legado patrimonial asociado a las tinajas y al vino en El Toboso. Con la creación de grandes bodegas a principios del siglo XX en espacios más amplios en el exterior y la posterior creación de la cooperativa, estas pequeñas cuevas-bodega dejaron de usarse para almacenar vino pero siguieron desempeñando la otra función que siempre habían tenido, ser una especie de fresquera donde se guardaban las patatas, el aceite y otros productos que se conservaban mejor en este espacio. Desgraciadamente muchas de estas cuevas han acabado tapándose -en el mejor de los casos- o destruidas por una excavadora y en muchos casos rompiendo las preciadas tinajas que contenían.




Comentarios