domingo, 16 de febrero de 2014

La gastronomía de La Mancha en la novela El doctor Centeno de Galdós

Ya hemos hablado en anteriores entradas de la estrecha relación de Galdós con El Toboso. En esta ocasión nos detendremos en un aspecto muy concreto de su novela El doctor Centeno (1883), donde aparece el personaje de Alejandro Miquis y su tía Isabel Godoy, naturales de El Toboso -de los que se traza una interesantísima genealogía que analizaremos en otro momento-. Isabel Godoy vive en Madrid, pero se hace traer todo tipo de productos de La Mancha y en concreto de El Toboso -como Galdós, que recibía los quesos que le enviaba Antonio Nuño de la Rosa desde El Toboso-. Una vez más Galdós evidencia su profundo conocimiento de la realidad de su tiempo en sus más mínimos detalles.  Veamos este fragmento sobre la comida manchega  y los dulces de El Toboso:
"Acompañaba el chocolate, no de mojicones, no de bizcochos traídos de las tiendas, sino de unos como piruétanos o cachirulos que le mandaban las monjas Franciscas del Toboso
Delicadísima y llena de ascos en materias de  comer, doña Isabel no podía pasarse sin los manjares y golosinas de su tierra. Era de esas personas refractarias a la adaptación alimenticia, y que por doquiera que van han de llevar el bocado con que las criaron. Su olla era enteramente castellana por los cuatro costados, y en vez de sopa, comía todos los días gachas, preparadas según el más puro rito manchego. No las hacía de harina de trigo, sino de titos, que es un guisante pequeño, y en los días grandes añadíale el tocino, el hígado de cerdo bien machacado y siempre bastante pimienta y orégano. Esta olorosa especia sazonaba y aromatizaba todos los guisos de la cocina de doña Isabel. Su aroma, juntamente con el de otras hierbas, llenaba la atmósfera de la casa. Es preciso añadir, para que no pierdan las gachas su carácter, que doña Isabel, fiel a los manchegos usos, no las comía con cuchara, sino con rebanadas de pan y en la misma sartén.
El ordinario de Quintanar, que paraba en la posada de Ocaña, surtía mensualmente a la Godoy de diferentes artículos del país, sin los cuales infaliblemente la señora se habría dejado morir de inanición. ¡Ella comer cosas de este Madrid puerquísimo...! Además de la harina de titos, el ordinario le traía las indígenas tortas de manteca, hojaldradas, con sabrosos chicharros dentro; traíale también grandes cántaros de mostillo y arrope del mejor que se hace en Miguel Esteban, queso del campo de Criptana, bizcochos de Villanueva del Gardete, bañados y tiernísimos, que tienen fama en toda España. Pero lo más importante que recibía la Godoy era el lomo, frito y en manteca, de modo que con él se improvisaba un principio en un decir Jesús. También se lo mandaban en la forma que llaman rollos, envuelto en masa de harina y aceite, y acompañado interiormente de huevos, chorizos y jamón.
Con estos elementos aderezaba diariamente la señora su comida. En Cuaresma hacía lo que llaman por allá un ajillo de patatas, y el día del Corpus, por ser costumbre inmemorial e infalible en la tierra, no podía faltar en su mesa arroz con cordero. Hasta los postres venían del Toboso o del Quintanar por mano de aquel bendito ordinario. Consistía en el manjar más inocente del mundo, que de ordinario sirve para sustento de los pajarillos: cañamones tostados(1). A la señora le gustaban mucho, y ningún día, a no ser los de gran ayuno, dejaba de comerse una docena. Las Trinitarias del Toboso solían mandarle almendras garrapiñadas, que era su especialidad. Con ser manchega de pura raza y tener sus propiedades arrendadas para el cultivo del azafrán, doña Isabel no usaba nunca esta droga tintórea. Por las infusiones teínas de diferentes hierbas tenía verdadera pasión, y un surtido y acopio tan abundantes que le faltaba poco a la casa para ser la más completa herbolería. No se acostaba sin tomarse un tazón de salvia o de manzanilla, según los casos, a veces de hierba-luisa. Jamás probó el té chinesco, y el café no lo conocía más que de nombre.
(...) Los años suavizaron un tanto estas asperezas. Después de escribir muchas cartas cariñosísimas y humildes a su tía-madre, la Miquis consiguió obtener una contestación, aunque muy desabrida. De allá le enviaban regalitos de arrope, lomo en manteca, bollos y cañamones tostados, sin conseguir que aceptara".

1. Semilla del cáñamo de alto valor proteínico 

domingo, 26 de enero de 2014

La glorieta de El Toboso

La popular "glorieta" de El Toboso es uno de los enclaves más interesantes de la villa. Este espacio quedaba fuera del recinto amurallado y además era una zona donde se extraía la greda para hacer las famosas tinajas. Desde mediados del siglo XVII se fue edificando en la zona norte un gran monasterio que fue concluido en 1680 y fue ocupado por religiosas trinitarias. A partir de ese momento se le llamó Plaza Nueva, nombre que conservaría durante el siglo XVIII. A finales del siglo XIX pasará a llamarse plaza de Prim, en honor del gran militar y político progresista, protagonista de la revolución de La Gloriosa, muerto el 30 de diciembre de 1870, tras sufrir un atentado tres días antes.
Imagen de la antigua plaza de Prim, con el convento de trinitarias al fondo, hacia 1900
Después de la guerra civil de 1936 pasó a llamarse plaza de Calvo Sotelo, de nuevo el nombre de un político -monárquico conservador en este caso-  asesinado, en los días previos a dicha guerra.
Desde mediados de los años noventa del siglo pasado se llama plaza de la Contitución, en honor a la constitución vigente de 1978.
Una de las casas más antiguas que bordean la glorieta, que fue construida por los antepasados de Miguel Gallego (Pedro Antonio Gallego, de las Pedroñeras, casado Juana María Huertas) en la segunda mitad del siglo XVIII.

Imagen actual del parque de la glorieta, recientemente remodelado. Al fondo a la izquierda están las antituas escuelas, un magnífico edificio de 1929 y al fondo el convento de trinitarias.

Antiguas escuelas, construidas durante la dictadura de Primo de Rivera. En la actualidad alberga El Ayuntamiento y la biblioteca municipal.


Imagen de la antigua casa de Antonio Nuño de la Rosa, cuyo solar perteneció al convento de trinitarias, que se ve al fondo, antes de la desamortización de Mendizábal de 1836. 

Esta plaza, cubierta por una tupida masa de árboles, que todos los toboseños conocemos como la glorieta, es el lugar preferido para pasar agradables momentos en verano, conversando en la terraza del antiguo quiosko de la música, sobre la arena recién regada, mientras los niños juegan alrededor de la fuente. 




jueves, 26 de diciembre de 2013

El convento de Agustinos de El Toboso

Imagen de la capilla del antiguo convento de agustinos, hacia 1900

Imagen de los restos del convento en los años setenta del siglo pasado

La historia del convento de Agustinos de El Toboso está reflejada en varios libros –sigo a Teófilo Viñas Román, Agustinos en Toledo, Ediciones Escurialenses, 2007- por lo que me limitaré a resumirla brevemente. Se fundó por el P. Jerónimo de Saona, natural de Mota del Cuervo, en el año 1600, que comenzó viviendo en la ermita de Ntra. Señora de los Remedios situada a las afueras de El Toboso. San Agustín siempre había sido muy venerado en la villa. No se conoce mucho de los primeros años de este convento, aunque se sabe que pronto se instituyó un noviciado y a veces fue sede de los estudios filosóficos y reuniones de la congregación. Tuvo una importante biblioteca. Miembros ilustres fueron Fr. Pedro de Santiago, vicario general de la orden de los agustinos recoletos, predicador de los reyes Carlos II y Felipe V, y, Fr. Agustín de San Ildefonso, escritor de Teología y Mística. Llegó a tener una comunidad muy numerosa –por ejemplo en 1768 tenía 42 religiosos-. Aunque desde fines de ese siglo su número se vio reducido progresivamente y cuando se decretó la exclaustración por José I Bonaparte en 1809 solo tenía 13 religiosos.  Tras el fin de la Guerra de la Independencia regresaron algunos religiosos pero durante el Trienio Liberal -1821- se produjo una nueva exclaustración y desamortización, que acabarían completándose durante la desamortización de Mendizábal en 1835. A partir de entonces el edificio principal fue reiteradamente saqueado hasta que desapareció definitivamente en los años noventa del siglo pasado. En la actualidad solo quedan los tres arcos de entrada al actual cementerio municipal y uno de los brocales del convento.
Disponemos de la relación de bienes pertenecientes al Convento de Agustinos de El Toboso en el proceso de desamortización de 1821: 








viernes, 22 de noviembre de 2013

Firmas de apoyo a la reina Isabel II en El Toboso en 1848

En 1848 se produjeron múltiples estallidos revolucionarios en toda Europa y en España, sus ecos fueron mucho más apagados. No obstante el 7 de mayo se produjeron algunos altercados en Madrid. Reinaba Isabel II y gobernaban los liberales moderados presididos por Narváez, que habían establecido férreas restricciones respecto a los derechos y libertades, aumentando el descontento entre los liberales progresistas y los movimientos obreros, que acabarían por acceder al poder en 1854.  Galdós refleja los sucesos de 1848 en el episodio nacional titulado Las tormentas de 1848. Ante el temor de que estos altercados fuesen a más se organizó una campaña de adhesión a la reina Isabel II y por añadidura al gobierno moderado de turno. La prensa recogió meticulosamente la relación de firmantes de cada pueblo. Por esta circunstancia tenemos la relación de toboseños que firmaron dicho documento -suponiendo cierta afinidad con las tesis del gobierno.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las columnas de piedra de los viejos patios de El Toboso

Recorriendo las casas de El Toboso podemos descubrir antiguas columnas empotradas en paredes y soportando techos incoherentes, pero la estructura revela que se trata de añadidos del tiempo, espacios cegados -fruto de múltiples particiones y divisiones por herencias-, que en su origen debieron soportar recias vigas de madera y dar paso a  patios luminosos que albergarían un pozo algibe rodeado de alpidistras y geranios. Al menos nos han quedado estas columnas, con bellos fustes y capiteles, testigos del gusto por la belleza que rodeó a los toboseños de los siglos XVII, XVIII o XIX, cuando construyeron sus casas.

































En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...