lunes, 19 de septiembre de 2011

El toboseño Bautista Muñoz y el rey Fernando VII

En El Semanario Pintoresco Español de 1848 (17, 129) en un artículo de J. Jiménez-Serrano titulado "Un paseo a la patria de Don Quijote" aparecen dos anécdotas muy curiosas referidas al toboseño Bautista Muñoz y al rey Fernando VII. La primera nos cuenta  el encuentro de Bautista Muñoz –suponemos que en 1814 cuando regresó el rey Fernando VII, llamado El Deseado”, después de la Guerra de la Independencia, suprimió la Constitución de Cádiz y comenzó a reinar como monarca absoluto- con el rey Fernando VII en la Venta próxima al pueblo –hoy conocida como Venta de Don Quijote-. Transcribo literalmente: “Asímismo es célebre esa venta por haber descansado y hecho parada en ella el rey Fernando VII, al cual se presentó Bautista Muñoz, de aquella villa, labrador, de carácter sencillo, cortado al palo de la misma madera que Sancho Panza y de tan hercúleas fuerzas, que al penetrar en la estancia donde se encontraba el rey Fernando, se arrojó en sus brazos y de tal manera estrechó al monarca entre los suyos, que hubo de decirle éste: ¡Déjame ya hombre, que me estrujas! Déjame y dime que es lo que quieres. –Señor –contestó Bautista- “quiero que V. M. me dé un tambor, para los realistas (Histórico)".
Esta  anécdota hace referencia a que cuando regresó el rey a España en 1814 fue recibido con júbilo por el pueblo, que pareció aceptar gustoso que su rey acabase con la reforma constitucional y los nuevos derechos conseguidos y reinstaurase el rigor absolutista del Antiguo Régimen. Bautista Muñoz le pide al rey un tambor para encabezar los desfiles de los realistas en honor al rey. Los liberales partidarios de la Constitución de Cádiz de 1812 serán detenidos.
El artículo continua con otra anécdota: "En otra ocasión que fue Bautista a ver al rey, con quien decía que tenía vara alta, le interceptó el paso el centinela que guardaba la escalera que conducía a las habitaciones de Fernando VII. Bautista, sin pararse en barras, dio tan fuerte empellón al centinela que éste fue rodando escaleras abajo, deshaciéndose aquél del mismo modo de cuantos le obstruían el paso, hasta que, un jefe, penetró en la estancia del rey y le contó lo que pasaba, a loa que contestó S. M: -Dejarle pasar: ese es Bautista, el de El Toboso. En castigo, mandó el rey a sus palaciegos que con mucho disimulo pusieran un papel en su espalda con un letrero que decía: Soy Bautista el de El Toboso. Madrid entero celebró este rasgo y cada persona que cruzaba al paso de Bautista, ya fuese caballero, señora, chispero o criada de servicio, detenía a nuestro buen hombre, y lo saludaban a cada paso. Y el infeliz Bautista se marchó de la corte diciendo a los de su pueblo: No sabía que tanta gente me conociera en Madrid”.
Esta segunda anécdota alude -suponemos que unos años después, con el rey ya intalado en el Palacio Real como monarca absoluto- tanto a la campechanía del rey como a su mítica doblez, hipocresía y crueldad, aunque en este caso, afortunadmente, no pasa de mofarse de un pobre labriego toboseño.
Podríamos concluir que en estas dos anecdotas se ejemplifica la candidez del pueblo español y la hipocresía de su rey, que acabó con sus derechos, burlándose de su buena fe. Fernando VII ha pasado a la historia por ser un rey despiadado y cruel que no dudó en perseguir a los liberales que habían redactado la primera constitución española y que esperaron ingenuamente que el rey por el que habían luchado respetaría.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Tobosescas tinajas

Recientemente, con motivo de la celebración del 50 Aniversario de los que nacimos en El Toboso en 1961 diseñamos este recuerdo de cerámica, en colaboración con el taller de artesanía de El Toboso Toboshop, que alude al fragmento del capítulo 18 de la 2ª parte de El Quijote, que dice lo siguiente:
 "De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes.
Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que, por ser del Toboso, le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea; y sospirando, y sin mirar lo que decía, ni delante de quién estaba, dijo:
-¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
Dulces y alegres cuando Dios quería!
¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura!"
Se trata de una pieza simpática que muestra a una sorprendida Dulcinea al verse asociada a las famosas tinajas de El Toboso. Hemos querido contribuir de esta forma sencilla a recuperar nuestra cultura, nuestras señas de identidad, uniendo los dos referentes más importantes de nuestro pueblo: Dulcinea y las tinajas.



viernes, 9 de septiembre de 2011

El azumbre de El Toboso


El azumbre era una unidad de medida de capacidad de líquidos utilizada durante la Edad Moderna en Castilla y hasta bien entrado el siglo XX. Equivalía a dos litros y se descomponía en cuatro cuartillos. Se utilizaba para medir el vino y la leche principalmente. Excepcionalmente se ha conservado este azumbre que debió ser la medida de referencia utilizada por la villa de El Toboso, como indica la inscripción que aparece en  la parte superior de la fotografía -junto a la boca-. Había un concejal encargado de vigilar los pesos y medidas de la villa para evitar el fraude. Otras medidas de capacidad eran la cántara -8 azumbres- y la tinaja -24 azumbres-. También se han conservado azumbres y cuartillos de particulares, como este, donde en la parte inferior figura el nombre del propietario:

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Evolución demográfica en El Toboso

A veces las fotografías cobran significado por su contexto y resulta inevitable mirar con objetividad -porque lo más facil es inventar realidades paralelas complacientes pero inexactas e ineficaces o hacer brindis al sol-. Cada vez es más habitual la celebración de aniversarios -como este de la foto del 50 aniversario, de los que nacimos en El Toboso en 1961-. En ese año nacimos 75 niños. La falta de perspectivas económicas ha ido provocando una emigración constante -aparte de la evolución general de la tasa de fecundidad-  por lo que en la actualidad no nacen más de 15 niños en el pueblo. Los fallecimientos son de unas 40 personas. Las previsiones demográficas por tanto no son demasiado halagüeñas, de seguir la estructura socioeconómica en la misma situación. Por lo tanto hay celebraciones que a su vez evidencian situaciones que se hacen palpables, si huimos de la inconsciencia, y que ponen de relieve la grave perspectiva demográfica que viven pueblos como El Toboso.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Recuperación de la memoria histórica en Quintanar de la Orden




Recientemente he tenido conocimiento de que en el Cementerio Municipal de Quintanar de la Orden están colocadas varias placas conmemorativas con los nombres de los republicanos fusilados tras la Guerra Civil, cuyos cuerpos estuvieron depositados durante decenios en una fosa común. Aparecen los nombres agrupados por pueblos, y en concreto aparecen los nombres de diez toboseños. No es necesario acudir a los referentes de la historiografía más reciente sobre la Guerra Civil y la posguerra -algunos historiadores hablan de "holocausto", otros de "gulag" para calificar con referentes universales las matanzas entre  españoles-, sencillamente es un acto de civilización póstuma superadora de la barbarie.

miércoles, 20 de julio de 2011

Las industrias de El Toboso a finales del siglo XIX


Los Anuarios del Comercio y la Industria en el siglo XIX eran una especie de Páginas Amarillas donde se exponían los principales datos de cada pueblo y ciudad de España, detallando los negocios y profesiones liberales existentes -no se especifican los propietarios agrícolas-. Así encontramos en el Anuario del Comercio y la Industria de 1883 los siguientes datos sobre El Toboso: la población era de 1816 habitantes, el alcalde se llama Enrique Ortega, el maestro Silverio Yébenes, la maestra Inocencia Sierra. Había fábricas de aguardiente -hermanos Lozano y Mª Eugenia Villegas-, un tratante de carnes –Manuel Sánchez-, carpinteros –Francisco Cano, Antonio Gómez, Manuel Lamadrid-, constructores de carros –Raimundo Marín, Domingo Morales, José María Nieto-, cererías –Calixto Manzanares-, Juan Antonio Muñoz, Miguel Olmo y Eleuterio Sánchez-, un cerrajero –Telesforo Hernández-, un cirujano –Crisóstomo Carrasco-, un estanquero –Francisco Rodríguez-, un farmacéutico –Francisco Muñoz-, un guarnicionero –Diego Guillén-, herreros –Vidal Marín, Juan de Dios Robles-, un médico –Cristóbal de Diego y Cholvi-, panaderos –Santos Alcolado, José Benito, Cosme López, Luis Lucendo, Francisco Ortiz, Francisco Valdepeñas-, sastres –Nicolás Araque, Marcelino Hernández, Nicasio Panduro, Jesús Sánchez-, fábricas de tinajas de Vicente Gómez Barrajón y Valeriano León Martínez.
De todos estos negocios solo ha sobrevivido el de las cererías, que es la industria más importante del pueblo. Desaparecieron las fábricas de aguardiente y las fábricas de tinajas. El pueblo optó por la agricultura como fuente casi única de ingresos, lo que sin duda contribuyó a prolongar su decadencia.

miércoles, 29 de junio de 2011

Los moriscos de El Toboso

Francisco J. Moreno Díaz publicó su tesis doctoral con el título de Los moriscos de la Mancha (CSIC, Madrid, 2009) y se trata de una obra metódica, profunda, con una utilización magnífica de las fuentes documentas -especialmente de los protocolos notariales-. A lo largo de toda la obra,, en la que se analizan aspectos económicos y sociales de la minoría morisca expulsada de Granada y asentada a la fuerza en diversos pueblos de La Mancha, se proporcionan datos sobre los moriscos de El Toboso. Así por ejemplo, aparte de los datos que ya conocíamos sobre su número -se pasa de  los 161 sobre una población de 3.461 en 1571 a 269 sobre una población de 4.500 en 1610-, descubrimos el precio que pagaron por las casas que adquirieron al ser obligados a establecerse en la villa -desde los 120 ducacos que pagó Alonso Martínez o los 200 reales que pagó Luis García Zarco-, sus profesiones -tenderos de especiería, agricultores de azafrán, braceros...-. Que Diego de Mendoza y otros firmaron un contrato para segar con Luis y Gabriel de Villanueva en 1602, donde se estableció que por cada fanega de trigo o candeal de cien varas cuadradas, los moriscos recibirian "ocho reales y cuartillo, dos azumbres de vino y celemín y medio de harina o candeal y 4 onzas de tocino y 4 de queso y en cada diez fanegas de candeal o trigo una borrega". A algunos se les permitió salir del pueblo para comerciar en Toledo -aunque por lo general otro debía avalarlos con sus bienes para permitirselo-, pero aparecen testimonios de protestas porque no se les permite negociar con el transporte -trajineros- de trigo desde Cartagena para el pósito municipal -no dejándoles competir con los parientes y allegados de los concejales-. Durante los años que permanecieron en la villa fueron sometidos a un severo control religioso, político y social. Cuando finalmente fueron obligados a abandonar El Toboso y España, tuvieron que malvender sus propiedades y negocios y así el autor adjunta una detallada lista de damnificados-según reflejan los protocolos notariales celebrados entre febrero y abril de 1610-. Por ejemplo Ginés Mayoral, Juan Vicario y Ginés Zarco se vieron obligados a vender a Juan de Morales -carpintero- 6 fanegas de tierra sembradas de cebada por 174 reales. En otros casos vendieron la inversión en tierras sembradas de azafrán o cebada. Curiosamente el tendero García Zarco donó a la parroquia más de 1000 reales al ser expulsado y Diego Velázquez regaló a la cofradía "del nombre de Jesús de la villa y a su mayordomo" 283 reales. Por su parte a Alonso Tomé, a Martín de Teruel y a Martín de Chichilla les incautaron sus casas. El autor también proporciona datos muy interesantes sobre los más diversos aspectos de la vida cotidiana de estos españoles obligados a abandonar España por la intransigencia religiosa y política.

En El Toboso, nº1

 La revista En El Toboso nace con el objetivo de promover la investigación sobre la historia de El Toboso, así como dar a conocer su rico p...